Josefina [email protected]
En unos meses más leeremos, en los titulares de los diarios, que casi un millón de niños y jóvenes se habrán quedado nuevamente sin ingresar al sistema educativo. Para entonces, nos indignaremos, hasta se nos podrán salir unas cuantas lágrimas, condenaremos una vez más —con toda razón— a quienes saquearon las arcas del Estado truncando el futuro de la niñez nicaragüense y, después de doblado el periódico, el asunto se nos habrá olvidado.
Pero, la realidad no desaparecerá; estos niños sufrirán otro gran desengaño ahondando más su ya herida autoestima y la nación se verá privada, un año más, de la alfabetización, en escuelas e institutos, de un millón de jóvenes ciudadanos (20 por ciento de la población).
Sucede que en nuestro país mientras se trata de discursos demagógicos en relación a la educación pública siempre hay acuerdo en la importancia que el tema tiene. Sin embargo, en el momento de tomar decisiones prevalecen los intereses políticos a costa de los temas que priorizan a la niñez.
Resulta siempre más importante la conveniencia política y el amiguismo que las necesidades reales del país. Y, para muestra, recién lo volvimos a ver en el ¡Consejo Supremo Electoral! ¿O es que se cree que el despilfarro de esa entidad se limita a unos cientos de miles dólares —ahora reembolsables?—. ¿Cuánta de esa plata podría haber ido a inversión en educación y no al derroche y al robo? Y todavía estos parásitos de la sociedad tienen la desfachatez de pedir más salario.
Mientras no se incremente la inversión en educación estaremos condenados al subdesarrollo porque el analfabetismo viene acompañado de una trágica dependencia, falta de dignidad y el terrible resentimiento que genera la falta de oportunidades. Además de acostumbrar a los ciudadanos a vivir de la limosna, nacional e internacional.
Podemos a la larga terminar con este lastre. Está en las manos de cada uno de los nicaragüenses que tenemos la suerte de tener un trabajo, poner un grano de arena para el desarrollo de nuestro país, asumiendo la cobertura de uno de los niños excluidos del sistema educativo. Tenemos empleadas, trabajadores, gente desempleada que conocemos, obreros de las fábricas, etc. … que tienen niños que no irán a la escuela por falta de recursos y a los cuales nosotros les podemos dar la oportunidad de aprender.
Entiendo que el problema es demasiado grande como para arreglarlo a punta de becas, pero recuerdo siempre un cuento oriental que dice que un día en una playa una ola violenta sacó a la arena cientos de estrellas de mar condenándolas a morir abrasadas por el sol. Dos jóvenes que pasaban por el lugar quedaron sorprendidos por la cantidad de estrellitas tiradas y uno de ellos las comenzó a agarrar una por una metiéndolas nuevamente al agua. El otro le hizo ver que eran tantas las que había que nunca iba a poder salvarlas a todas y que perdía su tiempo. El joven siguió recogiendo estrellas, devolviéndolas al agua y le dijo: “Puede ser que mueran miles, pero lograré salvar a cientos y esto hará una diferencia para ellas”.
A quienes me privilegian con la lectura de mis artículos, les hago un llamado para ayudar en este intento de apoyo a la educación y a difundir la iniciativa. A la empresa privada conformada por grandes y pequeños comerciantes e industriales, a los dueños de tiendas grandes y chiquitas, a empresarios, profesionales, agricultores, en la capital así como en los departamentos, a los funcionarios que ganan salarios altos y medios y, en general, a quienes pueden colaborar les pido que lo hagan. Los que no desean hacerlo directamente pueden acercarse a las organizaciones como Eduquemos (268-0601), Fe y Alegría (266-4994), La Cámara de Comercio Nicaragüense-Americana (Amcham) (267-3633), y otras más cuyo objetivo es justamente buscar soluciones al drama de nuestro sistema educativo.
El Ministerio de Educación tiene un presupuesto limitado y hace lo que puede pero no milagros, es por eso que se pide la colaboración y el apoyo de todos.
Para concluir quiero citar un párrafo de la entrevista que LA PRENSA, el pasado domingo le hizo al notable Dr. Lawrence Harrison, autor del libro “El subdesarrollo es un estado de la mente”, que dice: “Sé que es muy difícil promover una transformación de la sociedad… obviamente estamos hablando de largo plazo, pero en una o dos décadas, con esfuerzos para eliminar el analfabetismo como en un 20 por ciento y asegurar que los nicaragüenses logren por lo menos seis grados, habremos amarrado el nudo del progreso a largo plazo”.
El reto está planteado. Parte de la solución está en nuestras manos. ¿Por qué no realizamos a nivel individual lo que nuestra corrupta clase política con todo el poder, décadas de tiempo y todas las oportunidades han sido incapaces de hacer por nuestra niñez?
La autora es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y secretaria ejecutiva de Eduquemos.