Ricardo A. De León [email protected]
El veterano candidato a la presidencia, ‘Lula’ da Silva ganó la primera rueda electoral del Brasil. Este obrero metalúrgico, no tiene reparos en afirmar que la combinación entre la democracia liberal y la propiedad privada de los medios de fabricación es la culpable de los males que agobian a su país. Lula no está a favor del mercado, profesa su desacuerdo con la libertad económica, más bien prefiere la estatización económica, social y política.
A comienzos de septiembre, Lula confesó que, con su eventual victoria, espera desencadenar un “efecto dominó” en la región: “Una victoria nuestra cambiará mucha cosa en la región, repercutirá en Argentina, en Uruguay, en Paraguay y en Colombia”, lo cual sería desastroso para nuestra región que ya ha dejado atrás las dictaduras. Las ambiciones de la política externa de Lula no terminan en América del Sur, hace poco restableció relaciones con el Partido Comunista de China.
Lula ha reafirmado todo esto, y se lo ha dicho a representantes del también comunista Movimiento Sin Tierra (MST), a los cuales Lula les explicó que el actual tono moderado de sus discursos es una simple necesidad de su marketing político para la campaña, porque “la cuestión, es ganar la elección”.
Ante esta posibilidad el proyecto de la obsoleta y rancia izquierda latinoamericana, se concentraría en la ayuda a la guerrilla colombiana y a la formación del Eje Tricontinental, que lo conformarían los “paraísos” de Cuba, Venezuela y Brasil los cuales se traducen en el Foro Social de Sao Paulo, y así poder instaurar democracias populares en Latinoamérica con tintes extremistas y conseguir el control de 300 millones de habitantes de la región.
Es un hecho que los países implicados, se alistarían para una cesación de pagos a los organismos financieros multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, cuyas políticas desacertadas han conllevado al desastre económico a nuestra región, “para poner de rodillas al Mundo Occidental”, según dijera Fidel Castro en Irán en el año 2000.
Al parecer los habitantes de Latinoamérica no aprendemos de las amargas experiencias que nos han obligado a vivir los políticos de este corte, esperemos no volvamos a caer en esos errores.
El autor es licenciado en Relaciones Internacionales.