El 25 del mes pasado, la agencia de noticias Knight Ridder divulgó un cable desde Tokio que decía que el gobierno de Corea del Norte había decidido establecer una zona amurallada de 51 millas cuadradas “para que funcione como una zona económica capitalista”. Y agregaba: “La región administrativa especial tendrá su propio cuerpo legislativo, sus cortes, y sus casinos, usará el dólar estadounidense como moneda de curso legal y permitirá un acceso sin visa para todo mundo, excepto para los norcoreanos”. Eso en otras palabras quiere decir que los pobres norcoreanos no podrán entrar. (Algo parecido quería hacer a finales de los años ochenta el alcalde Herty Lewites cuando era ministro de Turismo del gobierno sandinista. Para agenciarse de unos cuantos dólares, el gobierno sandinista pensaba establecer una playa nudista cerca de Montelimar, a la que tendrían acceso solamente los extranjeros. El cambio de gobierno del año 90 abortó sus planes).
¿Qué otro objeto puede tener una zona económica capitalista dentro de uno de los pocos “paraísos comunistas” que aún quedan sobre la tierra, como no sea el de buscar una actividad que sirva para atraer al tan despreciado pero súper apetecido dólar? Pero la pregunta más importante no es ésa sino la siguiente: Si es bueno convertir al capitalismo a 51 millas cuadradas de territorio norcoreano, ¿no sería mejor abandonar por completo el retrógrado y obsoleto sistema comunista y convertir al capitalismo al país entero?
Como es sabido, después de la Segunda Guerra Mundial la península coreana quedó dividida en dos partes: Corea del Norte y Corea del Sur. Desde entonces Corea del Norte abrazó el comunismo y Corea del Sur el capitalismo. Un poco más de medio siglo más tarde, la diferencia entre los dos países no podría ser más dramática. En el norte las libertades políticas no existen, y el desastre económico es de magnitud cataclísmica. Una buena parte de la población norcoreana sufre de constantes hambrunas que requieren asistencias alimentarias masivas de la comunidad internacional. Con una extensión de 120,540 kilómetros cuadrados y una población de 22 millones de habitantes, Corea del Norte tiene un ingreso per cápita de tan sólo mil dólares.
Corea del Sur, por su parte, tiene una extensión de 98,400 kilómetros cuadrados y una población de 48 millones de habitantes. Su ingreso per cápita, sin embargo, es de 16,100 dólares, es decir, 16 veces más grande que el de la Corea comunista. La diferencia en el ingreso entre ambas naciones sólo puede explicarse por el sistema económico que cada una de ellas practica. Si bien es cierto que Corea del Sur no es todavía una democracia plena en el sentido occidental, no hay duda de que camina en esa dirección.
Últimamente ambas Coreas han iniciado conversaciones en búsqueda de una posible reunificación. No podemos saber si esas conversaciones tendrán éxito o no. De lo que sí podemos estar seguros es de que cualquier reunificación que resultara sería gobernada por un sistema económico-político parecido al que existe en Corea del Sur, ya que el de Corea del Norte no tiene nada que ofrecer ni en lo político ni en lo económico.
Lo que está sucediendo en Corea del Norte con esas 51 millas cuadradas capitalistas es lo que en una extensión mucho mayor empezó a hacer hace muchos años la China comunista. Como era de esperarse, los beneficios para ese país han sido extraordinarios. Lo que no existe es una experiencia al revés, es decir, la de un país que habiendo sustituido el sistema económico capitalista por uno comunista o parecido, haya tenido éxito para mejorar el nivel de vida de su población.
Es lamentable que en los países comunistas como Corea del Norte, Cuba, y en la misma China continental, se hagan experimentos capitalistas restringidos a unos cuantos privilegiados y no se le dé esa misma oportunidad al resto de la población. Pero no cabe duda de que tarde o temprano, esas sociedades tendrán que abrirse por completo y reconocer que el sistema capitalista en lo económico, combinado con la democracia participativa en lo político es, hoy por hoy, la combinación más eficiente y humana para cualquier país.