La sentencia que dictó la juez del Crimen, Juana Méndez, tiene significación histórica porque es la primera vez que en Nicaragua se aplica la ley contra el lavado de dinero; y porque si no fuera que se ampara en la inmunidad, el ex presidente Arnoldo Alemán hubiera sido declarado culpable y estuviera en la cárcel.
Pero es evidente que la sentencia de la juez Juana Méndez favorece al FSLN —por cierto que los conceptos fundamentales de este fallo fueron “sorprendentemente” esbozados por Daniel Ortega, en el discurso que pronunció en Malpaisillo el sábado 7 de septiembre—, al haber acogido los señalamiento del reo Byron Jerez sobre supuestos delitos electorales que no estaban contemplados en la acusación de la Procuraduría, y hacerse eco luego de la declaración del presidente del PLC arnoldista, quien prácticamente admitió que hubo violación a la ley en el financiamiento de la campaña electoral del año pasado, y a base de eso abrir juicio por delitos electorales contra algunos directivos del PLC.
Sin embargo, esto no significa que la sentencia de la juez Méndez sea un “golpe de Estado” contra los poderes Ejecutivo y Legislativo, como lo dramatizó ayer Arnoldo Alemán para alarmar a los liberales y obligarlos a que lo sigan protegiendo. En todo caso, el golpe de Estado contra la institucionalidad democrática del país es el que Alemán y Daniel Ortega dieron con el pacto libero-sandinista, que precisamente es lo que tiene al país en la deplorable situación actual.
Lo que hace la juez Méndez con su sentencia es cuestionar la legitimidad del partido mayoritario, el PLC, con cuya bancarrota política y moral se mejoran las posibilidades del FSLN en las próximas contiendas electorales. Y además, con la apertura del juicio contra el PLC se pretende colocar una especie de “espada de Damocles” sobre la cabeza del presidente Bolaños —quien podría ser involucrado en los supuestos delitos electorales—, para tratar de obligarlo a alguna turbia negociación política como las que acostumbra hacer el FSLN.
Pero es muy difícil, por no decir imposible, que las autoridades que fueron elegidas por el voto popular sean destituidas. Y en el remoto caso de que la elección presidencial del año pasado pudiera ser anulada, sin duda que Enrique Bolaños volvería a ganar las elecciones con una votación mayor que la anterior, pues ahora tiene mucho más credibilidad que la que tenía cuando fue candidato presidencial avalado —o más bien lastrado— por Arnoldo Alemán.
En realidad, la patética reacción de Alemán ante la sentencia de la juez Méndez, se debe a que ahora la Junta Directiva de la Asamblea Nacional no tiene ningún pretexto para seguir impidiendo el desafuero de los acusados que gozan de inmunidad, ni el Plenario tendrá tampoco ninguna razón jurídica ni moral para negarse a aprobarlo.
En efecto, antes de la sentencia judicial la Asamblea Nacional podía considerar y resolver que no había méritos para el juzgamiento de Alemán y compañía, y rechazar la solicitud de desafuero; pero después de que la funcionaria judicial encontró pruebas suficientes para y condenar a Alemán y compañía, la Asamblea Nacional no tiene nada que averiguar y sólo le resta acatar la Ley de Inmunidad y someterse a la Constitución.
De manera que ahora más que nunca la responsabilidad está en manos de los diputados del PLC, particularmente de los que no forman parte directa de la camarilla corrupta de Alemán, y que cumplan con su deber de ciudadanos, de demócratas, de patriotas y de liberales dejando libre el paso al cumplimiento de la justicia. Es decir, que si la Junta Directiva de la Asamblea Nacional sigue negándose a cumplir el trámite para el desafuero de Alemán y compañía, los diputados liberales deben apoyar la autoconvocatoria del Plenario para sustituir a los directivos arnoldistas y hacer que se cumpla la ley y que se respeten las resoluciones judiciales.
Y en cuanto a la recomendación de que quienes en el gobierno anterior recibieron complementos salariales por debajo de la mesa devuelvan ese dinero al Estado, el presidente Bolaños debería disponer lo necesario para que se cumpla de inmediato, y hacerlo él primero para predicar con el ejemplo.