- Drogadictos “arrastran” a niños de cinco años
Elízabeth Romero [email protected]
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No importa la hora. Los grupos de adictos se reúnen en los conocidos expendios de droga del barrio, sin reparar que alguien los observe. Se ha vuelto un negocio de familias enteras, en el que involucran hasta niños de cinco años.
Este flagelo está consumiendo a una gran parte de la juventud del Barrio “Jorge Dimitrov”, y la lleva a delinquir, consideran los vecinos.
Al atardecer todo se vuelve una trágica rutina. Los grupos merodean, unos y otros, para disputarse la droga que uno de ellos ha comprado. Luego terminan en batallas campales, donde salen a relucir desde pedradas hasta proyectiles disparados con armas hechizas. El blanco no importa, y el pasado 14 de agosto fue una niña de 13 años.
Al anochecer la inseguridad se apodera de todos. Padres, hermanos o familiares se instalan en las entradas principales del barrio, para esperar a sus parientes, incluso a policías, que regresan del trabajo o de la escuela nocturna.
A esas horas ningún taxista se atreve a penetrar las pedregosas y oscuras calles del “Jorge Dimitrov”.
“A las siete nadie entra aquí por temor a ser asaltado”, dice una vecina.
La mujer recordó que en una ocasión su hijo convulsionaba, y a como pudo lo sacó, a rastras, hasta una de las entradas para llevarlo al hospital, porque el taxista pensó que era un señuelo para asaltarlo y no entró al barrio. Al llegar al hospital el muchacho ingresó con llagas en los dedos de los pies, por haber sido arrastrado en las calles pedregosas.
Para Carlos Gómez, uno de los habitantes, la inseguridad es tal que ni los templos escapan de los antisociales.
“Hasta las bancas de la Iglesia se roban”, destacó el vecino, quien estima que “el sistema judicial no es el más adecuado en este país, donde la Policía arresta y los jueces sueltan”, pero cree que “llegará el momento en que la población tomará justicia por su propia mano, aunque no queremos llegar a eso”, refirió.
DROGA, LA CAUSA
Se calcula que en el barrio existen al menos 45 expendios de drogas. La Policía ha allanado varios lugares, pero los antisociales logran burlar a los agentes. La droga trae como consecuencia la delincuencia.
Los vecinos conocen de abogados que se dedican a informarse en los juzgados donde están abiertas las causas que ordenarán los operativos de cateo y allanamientos de morada.
Además, es un secreto a voces que en el barrio habita la hija de un miembro del jurado, y que además es reconocida expendedora de drogas, a quien la Policía debería investigar. También se informó que entran vehículos lujosos a entregar la droga que está destruyendo a la juventud del barrio.
Existe el temor entre los vecinos de que alguien informa a los expendedores, a través de celulares, cuando la Policía va a realizar operativos en el barrio.
“Porque se ha visto que alguien les está avisando cuando va a suceder esa redada, porque llegan (los policías) y todo está limpio, no les encuentran nada”, dice la directora del Colegio Primero de Junio, Maryorit Jiménez.
El colmo es que los expendedores pagan a sus vecinos entre 50 y 100 córdobas diarios para que les escondan la droga.
“Están destruyendo a la juventud”, dijo otra vecina que por temor omitió su nombre.
“Aquí vemos perfectamente cuando los vehículos carísimos entran a dejar la droga. ¿Por qué no paran a uno de esos? Jamás la Policía lo ha hecho”, reflexionó la directora del colegio.
También mencionan casos en que los informes policiales no reflejan la cantidad exacta de droga encontrada, dijo la vecina. Recordó que cuando hallan 100 paquetitos de droga, sólo especifican que encontraron 10 y los otros 90 desaparecieron. “Por 10 piedras no te vas a ir, porque (el sospechoso) puede alegar ante el juez que es adicto”, explica la vecina.
Los vecinos hablan de otras tretas utilizadas ante los jueces. Les dicen que padecen de un cáncer y logran que el médico dictamine que tiene esa enfermedad. “Le tiro sus billetitos y lueguito estoy en mi casa con un abanico echándome aire; eso es lo que sucede aquí, unas padecen del corazón, otras de los riñones, así como enfermedad en los huesos y todo mundo viene libre”, comentó la vecina.
La profesora Jiménez, una de las principales impulsoras del desarrollo del barrio, considera que han llegado al límite, porque hay disputas por droga. Un grupo entra a uno de los expendios a comprar la droga y el otro está presto para quitársela.
“¿Qué sucede? Que ellos no se dejan de nadie, supuestamente, y allí es donde empiezan a pelear y el resto somos los afectados”, dijo la profesora, tras opinar que “la droga está venciendo y la Policía tiene conocimiento de estos puestos y no hace nada”.
Los maestros temen por su vida, porque la mayoría habita fuera de la comunidad. Por ejemplo, el fatídico 14 de agosto, la subdirectora Josefa Guevara quedó en medio del fuego cruzado de las pandillas “Los Chicleros” y “Los Pegajosos”.
VIOLENCIA SIN LÍMITE
La muerte de Karlita conmocionó a los vecinos. Bernardo Romero Cortés, habitante del barrio, cree que la muerte de Karlita trascendió los límites de la violencia que han enfrentado desde hace mucho tiempo.
“Esa violencia va a seguir”, dijo Romero, y pidió a los vecinos honestos pedir auxilio a las autoridades para que fijen sus ojos en ese sector de Managua.
Jiménez recordó que hay experiencias pasadas en que las pandillas la han arremetido a morterazos contra una patrulla. Entre ellos “ya se han agarrado a morterazos de punta a punta”, mientras en el medio están los pobladores.
Carlos Gómez, otra persona muy preocupada por lo que sucede en su barrio, al que llegó en 1982, recordó que esa zona también ha sido utilizada por los antisociales como refugio, después que cometen sus fechorías.
Señaló que existe poca vigilancia policial, a pesar de que el barrio colinda con “el corazón de la Policía que es Plaza El Sol”.
El Código de la Niñez no es malo, “está mal aplicado, los padres son los culpables, en este barrio se dan casos que mandan a trabajar a los hijos y ellos se quedan bebiendo guaro o empiernados con sus mujeres”, criticó Gómez.
Jiménez y Gómez lamentan que el barrio sea conocido sólo por las informaciones negativas, por lo que reclamaron que el Ejército y la Policía Nacional hagan programas para captar a estos jóvenes.
“Lo que hay es un libertinaje total, los padres ya no dominan a sus hijos, es todo lo contrario ellos están a la par de ellos. Conocemos de familias que hasta el más pequeñito de cinco años, ya toca, ya travesea, ya aprendió el oficio de sus demás hermanos; una familia completa destruida en este aspecto”, sostuvo Jiménez.
La profesora insistió que con estas personas ha sido difícil reflexionar sobre el daño que provocan a sus hijos y al resto de la comunidad. Por sus posiciones contra la droga y la delincuencia, los traficantes han llegado a tildar a Jiménez de “bombín”.
“¿Qué pasa? De nada sirve lo poco que aquí les transmitimos (en la escuela), se cae en la familia porque están viviendo en ese medio, aprenden más de lo que ven en el hogar que lo que se les puede enseñar en el centro”, dijo la docente.
ABANDONADOS A LA SUERTE
Lo que lamentan los ciudadanos del Barrio “Jorge Dimitrov” es que unos 20 mil habitantes han estado abandonados a su suerte, por los diferentes gobiernos municipales. Durante 20 años sólo les han adoquinado poco más de 600 metros de calle, durante la administración municipal pasada, porque una concejal que habita en el barrio hizo la gestión.
Alumbrado público no hay, falta un programa de viviendas y aguas negras, entre otras obras básicas.
Además, hay instituciones como la Policía que ofrecieron apoyo para capacitación a estudiantes en prevención de drogadicción, pero nunca volvieron.
LO POSITIVO ES POCO
La directora del Colegio Primero de Junio señala que han hecho hasta lo imposible para que la comunidad tenga cosas positivas. Cuentan con una Olla de Soya, centros preventivos, un colegio con educación primaria y secundaria, un preescolar, pero no han podido incidir para erradicar la droga que cada día corroe al Jorge Dimitrov.