Edgard Rodríguez C.edgard.rodrí[email protected]
Mi papá me molestaba tanto por la escualidez de mi cuerpo, que llegué a pensar que era el chavalo más flaco de Nicaragua. Sin embargo, cuando conocí a Fabián Medina vi que estaba distante de esa “distinción”.
Fabián era tan flaco que parecía estar siempre de perfil. Pero lo más llamativo, es que en aquel muchacho, cuyo cuerpo tenía la esbelta figura de un bambú, había un talento y un espíritu de superación extraordinarios.
Aprendimos a apreciarlo desde el inicio. No era difícil tras observar cómo en sus textos, conciliaba el arte del pensador y la frialdad del ejecutor inapelable. Así que haciendo de “scout”, me lo llevé al Semanario.
“A la puta, me lo estás pintando como si se tratara de una lumbrera”, me dijo entre risas Edmundo Jarquín, norteño, igual que Fabián y yo… El asunto es que aceptó su llegada, y meses después era editor general.
Lo demás, usted lo sabe. Fabián es ahora una referencia esencial en nuestro medio. Es la bandera de una generación de jóvenes que han cambiado la mirada del periodismo y que comienzan a asomarse entre los mejores.
Ayer Fabián nos entregó sus “Secretos de Confesión”, un fascinante compendio de entrevistas con los más influyentes personajes del país, que constituye un aporte de enorme valor histórico.
Este Fabián de ahora, ya no es tan flaco, pero su mayor crecimiento no se percibe sólo en la báscula. Se capta mejor en el desarrollo de su talento, en su indiscutida evolución y su capacidad para hurgar a fondo.
No sé si Fabián comparte el criterio de Jorge Ramos, de que “no hay nada más rebelde que una pregunta certera que incomode, que haga tambalear a los poderosos”, pero por lo general, las suyas se mueven sobre esa dirección.
Hace unos días consultaba al Dr. Arnoldo Alemán sobre si golpeaba a su esposa, y antes indagó a Ada Luz Monterrey sobre sus preferencias sexuales. Y con él hay una ventaja respecto a otros entrevistadores, sabe escribir.
Fabián ya no es tan flaco como la vez que se nos escondió tras una raja de leña. Ahora pesa más y no propiamente en libras.