El anuncio que hiciera este lunes el diputado liberal, Fernando Avellán, de que está listo a dar su voto a favor del desafuero del doctor Arnoldo Alemán en caso de que este punto se sometiera a consideración del plenario de la Asamblea Nacional, hace que, al menos teóricamente, se cuente ya con el número de votos requeridos para lograr tal desafuero.
El inventario de votos disponible hasta ayer era el siguiente: 38 votos sandinistas, 7 de la bancada Azul y Blanco (que incluye un diputado conservador), 1 de la bancada de Camino Cristiano y 1 de la bancada liberal, que sería, precisamente, el del diputado Avellán. La suma es de 47 votos, la mayoría parlamentaria que requiere el Artículo 130 de la Constitución Política para privar de inmunidad a cualquier funcionario. Pero es una mayoría precaria, obviamente, porque a la hora de votar podría alguno, o varios de ellos, cambiar de idea o no asistir a la sesión, echando por tierra la posibilidad de la desaforación.
Asumamos por un momento que se logra superar la traba que arbitrariamente ha puesto la Junta Directiva de la Asamblea Nacional para impedir que se ponga en agenda la solicitud judicial de desafuero. Asumamos también que los 47 votos disponibles teóricamente se otorgan a favor de ella. El resultado, sin duda, sería visto con agrado por la mayoría de la población que en las encuestas ha indicado estar a favor de que Alemán comparezca ante los tribunales de justicia. Pero también sería visto como un triunfo del sandinismo y una derrota del liberalismo, ya que el retiro de la inmunidad se habría logrado con una amplia mayoría de votos del FSLN.
Tomando en consideración lo anterior, una de las preguntas que deberían formularse los diputados liberales es la siguiente: ¿le conviene al Partido Liberal —de cara a las elecciones futuras— que la ciudadanía tenga la percepción de que trataron de impedir que se hiciera justicia y que prefirieron encubrir a alguien que después de todo fue llevado a los tribunales (siempre asumiendo que haya sido desaforado acon una mayoría sandinista)? Otra pregunta ya más a título personal que deberían plantearse es: ¿a quién deben lealtad como diputados: a la nación y al partido, o a una persona en particular?
No cabe duda de que habrá unos cuantos parlamentarios liberales que por razones comprensibles jamás votarían para desaforar a Alemán, pero el resto —que es la mayoría— está a tiempo todavía para sopesar el mérito de las evidencias y prueba presentadas contra dicho ex presidente, y de preguntarse qué es lo que más le conviene a la nación y a su mismo partido.
Es muy probable que por un sentido de lealtad mal entendido algunos diputados liberales piensen que sería una traición a Alemán votar a favor de que se le retire la inmunidad. Pero sería bueno que recordaran —como lo señaló el diputado Fernando Avellán— lo que le sucedió al Partido Liberal Nacionalista en 1979, cuando sus líderes confundieron la lealtad a los Somoza con la lealtad al partido. El resultado, de todos conocido, fue que Somoza cayó y en su caída arrastró al partido. Y las consecuencias, como es sabido, fueron graves para Nicaragua.
Da la impresión de que Alemán ha logrado convencer a sus compañeros de bancada de que si él es juzgado y encontrado culpable de los delitos que se le imputan, el partido se hundiría con él. Pero eso no es necesariamente cierto. No es el Partido Liberal el que está siendo acusado sino uno de sus presidentes honorarios. Es más, las encuestas señalan que una mayoría de ciudadanos liberales está a favor de que Alemán sea desaforado y juzgado. Pero si los diputados liberales se empecinan en protegerlo para que no enfrente la ley como cualquier otro ciudadano, y a pesar de todo es juzgado y encontrado culpable, entonces sí puede resultar cierto que, como dice Alemán, el partido se hunda con él.
La disyuntiva está planteada. Cada uno de los diputados liberales debe examinar su conciencia y decidir qué es más importante: la sobrevivencia y el futuro de su partido o la protección indebida a uno de sus miembros.