Corn Island, un paraíso en ebullición social

Brooklyn Rivera B.

Corn Island, nuestra bella isla en el Mar Caribe, posee una extensión territorial de 12.5 kms2 y una población alrededor de 8,300 habitantes, de los cuales se estima que unos 4,000 indígenas mískitos y 500 mestizos residen junto con los restantes 3,800 creoles. Mientras que la vecina isla pequeña (Little Island) de apenas 3.5 kms2 es el hábitat de unas 1,200 personas, en su mayoría creoles, naturales de las islas.

La población multiétnica de las dos islas que juntas forman el municipio, en su gran parte se dedica a la pesca de langostas en los alrededores, ya sea de forma artesanal, mediante trampa o buceo e industrialmente. Así, en la isla mayor funcionan dos empresas procesadoras de colas de langostas, Pasenif y Caf, las que son abastecidas por las faenas de pesca de los barcos industriales y las pangas artesanales.

Sin duda, en la actualidad las dos islas representan los sitios de Nicaragua donde el costo de la vida es mayor que cualquier otra zona del país. Esto es debido a que todos los bienes de consumo son prácticamente traídos por los comerciantes de los diferentes lugares del interior del país, por lo general, por vía marítima.

De igual forma, una gran parte de las tierras de Corn Island y Little Island son reclamadas como suyas por un grupo de creoles que se autollaman los nativos de las islas. Mientras, una pequeña parte de las tierras alrededor de las playas que pertenecían a Hope Portocarrero, actualmente son administradas por la Alcaldía Municipal.

Durante los últimos años, en ambas islas hemos observado iniciativas alrededor de la creación de infraestructuras hoteleras para la promoción de turismo. Este interés a la vez ha promovido que isleños y extranjeros entren en el negocio de la compra y venta de terrenos, provocando especulaciones en sus costos.

Por otra parte, los “nativos” que arriendan o facilitan lotes de tierras a mískitos, mestizos y creoles de tierra firme, presionan a los arrendatarios para su desocupación, contando con el apoyo de la Alcaldía. Cabe señalar que además de los “nativos” con títulos de terreno en la isla, aparecen otros supuestos dueños —sin papeles—, el señor Morgan de Pasenic y la misma Alcaldía Municipal, confabulados en la promoción del desalojo, contra los grupos de tierra firme a los que llaman “inmigrantes”, y les amenazan con echar tractores, les envían notificaciones judiciales y extrajudiciales desde Bluefields, a manera de presión.

Aparte del conflicto de terrenos, pesa sobre los niños mískitos de Corn Island, la discriminación racial de parte de la Alcaldía y la Delegación del MECD. El alcalde alemancista Roberto Ow, ha afirmado que los niños indígenas no tienen el derecho a la educación en la isla porque son inmigrantes. Por eso, a la escuela primaria promovida por la Iglesia Morava local le ha negado todo tipo de ayuda, mientras que la delegación del MECD únicamente paga uno de los siete maestros de la escuela.

En la actualidad, la misma Alcaldía, de forma insólita y secreta está impulsando una propuesta de decreto de medidas de control poblacional y de residencia, indicando que los residentes con menos de 3 años no tienen derecho alguno en la isla; propuesta que a todas luces es discriminatoria y anticonstitucional. Además, todo indica que la Alcaldía se empecina en desalojar a los indígenas, mestizos y creoles que arriendan las tierras privadas y municipales, con el propósito de destinar su uso para fines turísticos.

Las empresas pesqueras de la isla también abonan el sufrimiento y dificultades de los grupos residentes señalados. Estas empresas, aparte de pagar precios bajísimos de la langosta y de dejar sin opciones a los pescadores durante la época de veda, excluyen a los marinos antiguos, como forma de presión, para que abandonen los terrenos que habitan. Además, ante la ausencia de un inspector de trabajo, las empresas alegan que los capitanes de barcos (hondureños y nicaragüenses) tienen la libertad de escoger y cambiar su tripulación, ya que su relación con los barcos se limita al acopio de langostas.

Es evidente que la raíz del conflicto sobre los terrenos en Corn Island es la avaricia económica desmesurada de parte de los reclamantes de terrenos en contubernio con la Alcaldía, ante el creciente interés de los especuladores en la compra y venta para fines turísticos. Aquí no se debe olvidar que los mískitos, aunque están empobrecidos, igualmente son nativos de la región, y éstos saben luchar en condiciones de amenaza a como se ha demostrado durante el conflicto impuesto por el FSLN, y como ellos mismos sostienen al respecto, es más fácil que el alcalde se vaya a que nosotros seamos desalojados.

Empero, se abre una luz de esperanza con el reciente viaje a la isla del Procurador Especial para los Pueblos Indígenas y Comunidades Étnicas, quien después de recibir las denuncias respectivas, ha iniciado una ronda de visitas a las instituciones y personas involucradas en el conflicto en busca de una solución a partir del diálogo

En el marco de este esfuerzo, adicionalmente se requiere con urgencia visitar a los principales actores y abrir un proceso de diálogo que conduzca a un entendimiento entre las partes. Así sea.

El autor es dirigente de Yátama.  

Editorial
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