El liberalismo y don Enrique

Jorge [email protected]

Hay dos aspectos que caracterizaron en México a la Presidencia de la República durante los 71 años seguidos (1929-2000) que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernó ese país: primero, que el presidente, mientras era presidente, mandaba a la redonda, y con un poder cuasi absoluto; y, segundo, que una vez terminado su período de gobierno, se retiraba de toda actividad partidaria y pasaba a ser un cero a la izquierda, políticamente hablando, por el resto de su vida. Nunca fui admirador del PRI ni mucho menos, pero debo reconocer que sus líderes tuvieron siempre la sensatez de reconocer que, por el bien del partido, y a fin de evitar conflictos innecesarios, el relevo en el poder político debía de ser total y absoluto.

Es una pena que los asesores más cercanos al doctor Arnoldo Alemán —que habiendo vivido muchos años en México— no le hayan dicho que por el bien de la patria y de su partido, y para no entorpecer la gestión del nuevo presidente, lo que le correspondía hacer era apartarse de toda actividad política en estos cinco años, cuando menos. Pero fue al contrario; en enero de 1998, uno de ellos me dijo: “Ahí vas a ver que él encontrará la forma de seguir actuando en política una vez que termine su período”. Dos años después, a finales de 1999, se materializó el pacto con Daniel Ortega que le abrió las puertas para seguir “actuando” en el escenario político. Las consecuencias de esa obstinada lujuria de poder la estamos sufriendo ahora todos los nicaragüenses.

El doctor Alemán calculó mal. Creyó que don Enrique Bolaños se conformaría con ser un presidente pasivo, meramente decorativo, que le permitiría a él continuar ejerciendo el poder real desde la presidencia de la Asamblea Nacional. Craso error. Como correspondía, el presidente Bolaños asumió la primera magistratura con toda la energía y responsabilidad que el cargo implica. El conflicto político entre ambos tenía, entonces, que hacerse inevitable. Pero tiene que ser resuelto; con la salida de Alemán. No hay de otra. Es él el que tiene que apartarse —o ser apartado— por el bien de Nicaragua y de su mismo partido.

Voy a permitirme insistir una vez más en lo que siempre he sostenido: la base natural y primaria de apoyo político del presidente Bolaños debe ser el Partido Liberal y su bancada. Él es miembro de ese partido, fue su candidato presidencial, y fue electo con el apoyo de los liberales, tanto de los partidarios, como de los que sin ser miembros de esa organización política, nos identificamos, sin embargo, con los valores, fundamentalmente liberales, de democracia y libertad.

El gobierno de don Enrique Bolaños tiene que ser exitoso para que el Partido Liberal tenga posibilidades de triunfar en los comicios de 2006. Y para tener éxito tiene que contar con el apoyo de su bancada en la Asamblea Nacional. ¿O es que alguien cree que podría tener buen suceso con el “apoyo” del Frente Sandinista? Quien así piense tiene que estar, sin duda alguna, chupándose el dedo pulgar en materia política.

Ahora bien; ¿quién impide en el Parlamento el apoyo del PLC a don Enrique? Una sola persona: Arnoldo Alemán, que de momento tiene secuestrado al partido. Son los liberales mismos, en consecuencia, los que tienen que lograr la salida del doctor Alemán de la Asamblea Nacional. Y lo tienen que hacer por el bien de Nicaragua y del partido. Ojalá que así lo entiendan todos ellos, empezando por el mismo don Enrique, el doctor José Rizo Castellón, el doctor Wilfredo Navarro y todos los demás diputados y líderes liberales.

Como Presidente de la República, don Enrique tiene la obligación de hacer un buen gobierno en favor de todos los nicaragüenses, sin distingo de colores partidarios, pero también, como miembro del Partido Liberal que es, tiene la responsabilidad ineludible de ir asegurando desde ya la continuidad en el poder de la organización política a la que pertenece. Para eso tiene que haber una mayor identificación de él con el partido y del partido con él.

El tiempo apremia. El impasse político que estamos viviendo afecta negativamente el funcionamiento de la economía, y tiende a favorecer solamente al Frente Sandinista. Debe, por lo tanto, resolverse cuanto antes. Y la única solución que a mi juicio merecería llamarse así, es la que se daría con la salida de Alemán de la Asamblea Nacional basada en un entendimiento entre don Enrique y la bancada liberal. Ustedes, señores, tienen la palabra.

El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y catedrático de la Universidad Thomas More.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí