Rolando Brenes [email protected]
Las piscinas, playas, ríos, etc. son los puntos de reunión de las personas dispuestas a darse un “chapuzón”, disfrutar del sol y del agua en toda época del año, pero en ocasiones este placer se puede ver truncado por no respetar las normas básicas de seguridad o, sencillamente, por deficiencias en las instalaciones y en las medidas de prevención que prestan algunos centros recreativos. La tragedia estudiantil acaecida recientemente en el Club Motastepe, donde dos estudiantes del cuarto año del turno matutino del Instituto Salomón de la Selva perecieron ahogados, debe llamar la atención a las autoridades que supervisan los centros recreativos, y a los padres de familia, para evitar que estos casos se repitan y se pierdan valiosas vidas.
El ahogamiento puede producirse por asfixia o por inmersión, se produce porque un medio líquido obstruye el paso del aire al interior de las vías aéreas. Hay dos clases de ahogamientos, el ahogamiento seco, también denominado ahogamiento blanco, por el aspecto pálido de la víctima, es aquel que la muerte se produce por ausencia de ventilación e hipoxia, y el ahogamiento húmedo denominado ahogamiento azul, es donde hay aspiración de líquido que se va a los pulmones, y representa el auténtico cuadro de asfixia por inmersión.
Tras la inmersión total en el agua, la víctima presa del pánico inhibe su respiración mientras lucha y se agita violentamente. La agitación poco a poco desaparece mientras pequeñas cantidades de aire salen de los pulmones y de la misma forma grandes cantidades de líquido son tragadas y aspiradas. Los vómitos están frecuentemente asociados con relación a la ingestión de gran cantidad de líquido. Finalmente, el agua penetra pasivamente en la tráquea, produciéndose el paro cardíaco.
La falta de cultura de la población es uno de los factores que inciden en los accidentes en las piscinas, asociados a la violación de las medidas de seguridad, por lo general la diversión va de la mano con el licor, también debemos agregar las condiciones materiales y de seguridad de los centros recreativos. Por lo general, los bañistas sufren contusiones debido a caídas y golpes de consideración, heridas de importancia, quemaduras solares, accidentes provocados por la práctica de juegos o actividades peligrosas tanto dentro como fuera del agua, insolaciones, accidentes producidos por exceso de atrevimiento, muchos de los que “toman y se tiran” terminan sufriendo daño en la columna o espina dorsal.
En los centros recreativos nos encontramos con deficiencias en las instalaciones físicas y en las medidas de prevención. Para evitar sucesos fatídicos, los responsables de los centros recreativos deben poner en práctica una serie de medidas de prevención, por ejemplo: que las instalaciones y todos sus recintos (vestuarios, zonas de recreo, etc.) estén en perfectas condiciones, rotular en todas las áreas las medidas a tomar para evitar accidentes, colocar cercas perimetrales, rejas con pestillos, puertas con cerradura, dotar de un servicio de salvamento con sus medios técnicos y primeros auxilios permanentes durante el horario de apertura al público.
Los consejos dirigidos a los bañistas y nadadores para evitar ahogamientos son: conocer la zona de baño, su profundidad, la temperatura del agua, las corrientes, oleajes, remolinos, etc.; no bañarse solo, aunque sea un buen nadador, puede que surjan imprevistos o problemas en el agua, si estás acompañado siempre puedes recibir ayuda; en las playas se debe nadar a lo ancho de las mismas y nunca hacia el interior; mojarse antes de entrar en el agua, el cuerpo debe acostumbrarse progresivamente a la temperatura del agua, si se siente mucho frío es mejor salirse lo más pronto posible.
Es conveniente respetar las horas de digestión y evitar comidas copiosas antes de nadar, introducirse en el agua pasadas 2-3 horas desde la última comida. Se debe vigilar de cerca a los niños pequeños, recuerde que no conocen el peligro y además se pueden ahogar con tres pulgadas de agua. Si hay alguien en peligro, pedir ayuda o avisar al socorrista, no realizar el rescate sin pensar, es necesario analizar los medios y las posibilidades antes de actuar, en muchas ocasiones una situación de peligro termina con dos ahogados, como el caso de Roberto Rivas Carvajal, de 20 años, y Néstor Danilo Sánchez, de 19. Cuando se está en peligro es conveniente conservar la calma y pedir ayuda rápidamente, ya que si la persona está más relajada es más fácil que flote.
El autor es especialista en seguridad pública.