Carmen Tenorio Gutié[email protected]
El 10 de agosto estampé mi firma para unirme al resto de nicaragüenses que estamos en contra de las actitudes corruptas y que deseamos justicia para el bien de la patria; y lo hice con orgullo y alegría, porque es mi grano de arena a favor de la honestidad, con ello se me endulzó un poco el trago amargo que se siente en la garganta con sólo pensar que hay personas que se han lucrado con la miserias de nuestra gente y que se autocalifican de honestas y probas.
Hay algunos que piensan que se está haciendo leña del árbol caído al querer hacer justicia, como si el hecho de despojar a Nicaragua de los tantos beneficios que pudimos haber obtenido fuera algo que pudiera olvidarse o perdonarse. ¿Acaso el árbol caído no es el pueblo, que sufre de desempleo, estrechez y hambre, mientras otros por ahí despilfarraban el dinero sin ningún remordimiento? Quizás hasta con la idea de que de ello eran merecedores, y engrosaban sus carteras con descaro y quizás hasta con vanagloria, como si en su interior se hubiese distorsionado o hubiera desaparecido toda idea del bien y del mal, que los incapacitase de reconocer una cosa de la otra.
Y no es que estas personas no hubieran hecho, en su momento, obras buenas, al contrario, hubo muchas, y se les reconoce, pero eso no les da derecho de cometer excesos. El desempeño de nuestras funciones no depende de una balanza, donde equiparo una obra en pro de la nación con otra en su contra, no se trata del sagrado Sacramento de la Penitencia, donde con el arrepentimiento, la confesión y la expiación borro mis pecados. En un cargo público se vale sólo servir, no servirse, y es esto lo que se está considerando.
Lo más sorprendente de todo esto es que existan personas que aún están ciegas y no logran ver con claridad el estado de las cosas, y lo único que resta pensar es que son personas ingenuas y además ignorantes de la situación, o son cómplices de los abusos cometidos, pues no basta lucrarse de un delito para ser cómplice, basta con aceptarlo y no denunciarlo.
La lucha por la verdad será dura y requiere del apoyo de todos nosotros, no bastan las intenciones ni las ideas, pues el que robó no sólo pensó en hacerlo, sino que lo hizo y con maestría, así debe ser nuestra actuación en pro de la honestidad, bien hecha, sin tacha, perfecta, con honor.
Sigamos adelante, apoyemos a Nicaragua, esta lucha no es la lucha de un hombre ni la de un presidente, es la lucha de todos, principalmente de los más pobres, de los más perjudicados, y, sobre todo, es una lucha para que la moral y los valores se instalen en nuestro corazón y sean el motor de nuestros actos.
La autora es ingeniera en Computación.