Educación contra la corrupción

Los obispos católicos de Nicaragua dicen en su Mensaje que dieron a conocer esta semana con fecha del 10 de agosto de 2002 (el cual publicaremos íntegro en nuestra edición del próximo sábado), que en la lucha contra la corrupción “el camino a seguir para lograr erradicarla en lo posible debe ser ante todo la educación hogareña, la seriedad de la educación escolar y universitaria…”

Tienen razón los señores obispos. Aunque les faltó mencionar que el mayor efecto educativo se logra con el ejemplo de la acción, y que por lo tanto, la lucha contra la corrupción y los corruptos que está librando actualmente el Gobierno del Presidente Enrique Bolaños con el respaldo de la abrumadora mayoría de la sociedad —tal como lo indican las encuestas— tiene un inmenso sentido pedagógico-social.

La educación —teórica y práctica, con la prédica de los principios y la fuerza del ejemplo— es clave en la lucha contra la corrupción. Al respecto, sin temor a equivocarnos podemos asegurar que si la corrupción ha inundado y degradado a nuestra sociedad, en gran parte es por falta de educación.

En realidad, el déficit de educación es una de las causas fundamentales de los ingentes e históricos problemas que sufre la sociedad nicaragüense. Y por lo tanto, el mejoramiento de la educación debe ser tema prioritario en las agendas de los medios de comunicación, en las actividades de las organizaciones cívicas, en las preocupaciones de las familias y en las políticas del Estado.

“Tan sólo por la educación —enseñó Immanuel Kant, 1724-1804, uno de cuyos oficios fue el de maestro— puede el hombre llegar a ser hombre”. Muy cierto. Por eso es que siempre estamos alentando al Gobierno a atender más y mejor la educación; y por eso apoyamos los esfuerzos pro educación que hacen algunas organizaciones cívicas del país, como Eduquemos y Amcham, que con sus aportes contribuyen activamente a formar una nueva conciencia ciudadana basada en el civismo y la integridad, aún en medio de la podredumbre política y la descomposición moral que afecta a la sociedad nicaragüense, o por eso mismo.

Se dice que la verdadera riqueza de una nación proviene de la educación de sus ciudadanos y del respeto de la sociedad a las instituciones. Pero esto se logra sólo cuando la nación concentra su atención y esfuerzos en la educación, cuando se hace de la educación una estratégica cuestión de Estado, con la comprensión de que esta es la clave para aumentar la calidad productiva y ética del capital humano.

La educación integral (en el hogar, en la escuela, en los medios de comunicación, en el hogar y en la sociedad) no es indispensable sólo para erradicar la corrupción, o al menos para reducirla a su mínima expresión, sino que en términos generales es necesaria para construir la nación y organizar la democracia. No es casual, por eso, que las naciones que han atendido solícitamente la educación de las personas y de la sociedad son las más desarrolladas, ricas, democráticas y libre del mundo, en tanto que las sociedades que no le prestan la atención adecuada permanecen pobres, atrasadas, incultas, dependientes de la ayuda externa y de los vaivenes de las políticas internacionales.

Muchas veces hemos dicho que a la educación no se le debe considerar como un gasto, sino como una inversión, cuyos frutos siempre serán beneficiosos aunque sólo se obtengan y disfruten a largo plazo, como le ocurre tanto a las personas individuales como a las naciones. Pero aunque los resultados de la inversión educativa sólo se puedan ver y aprovechar a mediano y largo plazo, la verdad es que si no se invierte en ella ni se le atiende como es debido, nunca será posible salir de la pobreza ni liberarse de los líderes políticos ramplones y corruptos.

La revolución moral que está en marcha en Nicaragua sólo podrá alcanzar sus metas si se fortalece la educación con el ejemplo de la lucha implacable contra los corruptos, y en la escuela, que es donde se dan los primeros y más firmes pasos en la formación del ciudadano educado, honesto y laborioso; y donde se deben cultivar las virtudes humanas y formar personas capaces de rechazar resueltamente el veneno de la corrupción.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí