El vínculo familiar de la corrupción

El Presidente Enrique Bolaños dijo el miércoles pasado, después de que el Procurador General de Justicia abrió la guaca de 100 millones de dólares de la corrupción que hubo en el gobierno anterior, que le dolía y entristecía que su antiguo amigo y correligionario liberal, Arnoldo Alemán, hubiese perjudicado e involucrado a sus propios familiares.

Por cierto que uno de los argumentos principales que esgrimen los defensores de los corruptos, es que el Gobierno está cometiendo “abusos de injusticia” contra la familia del ex presidente Arnoldo Alemán, al acusarla de estar involucrada en la corrupción; con lo cual es obvio que tratan de ablandar los sentimientos de quienes consideran correctamente que la familia no es sólo la célula de la sociedad, sino también el centro sagrado donde se cultivan las mejores virtudes humanas, personales y sociales.

Pero la verdad es que en muchos casos el delito común y la corrupción gubernamental no sólo son hechos individuales, sino también prácticas familiares. Al respecto, el doctor Emilio Álvarez Montalván, quien es un autorizado estudioso de la cultura política nicaragüense y forma parte del Consejo Editorial de LA PRENSA, asegura que en Nicaragua el concepto de familia “se nutre de la profunda convicción que tiene el nicaragüense de pertenecer obligada y solidariamente a los intereses y decisiones de un determinado clan, donde el individuo juega el doble papel de protector y obligado”. De manera que “cuando la familia desvirtúa su papel, puede convertirse en un foco interior de permanente tensión y violencia… distorsiona su legítimo rol, se trastoca en ‘familismo’ que tiene algo de enfermizo”. (Cultura política nicaragüense, página 88).

Además, no sólo en Nicaragua la corrupción política y gubernamental se manifiesta también como problema de familia. Lo mismo ocurre en todas partes de Hispanoamérica, e inclusive del mundo. Precisamente por eso es que los conocidos comunicólogos estadounidenses, Alvin y Heidi Toffler, hicieron recientemente un documentado estudio sobre el vínculo que hay entre corrupción y familia, advirtiendo que “se presta poca atención a una de sus causas más obvias: los parientes voraces, codiciosos y avaros”.

“El problema radica en que en el fondo de mucha corrupción de alto nivel está una de las redes más antiguas y poderosas, vinculada con las relaciones y emociones humanas” (la familia), aseguran los Toffler, quienes hacen notar en su investigación que líderes políticos tan diferentes y distantes entre sí, pero todos ellos implicados en graves actos de corrupción en sus respectivos países, como el ex presidente argentino Carlos Menem, el surcoreano Kim Dae Jung (laureado con el Premio Nobel de la Paz), el mexicano Carlos Salinas de Gortari, el indonesio Suharto, el nigeriano Sani Abacha, el francés François Mitterrand y el ruso Leonid Brezhnev, tenían en común el factor de la familia, es decir, “una red abrumadora de parientes directos, políticos y lejanos. Pues se supone que los miembros de una familia se ayudan mutuamente, pero algunos se ayudaron a sí mismos”.

Los Toffler cuentan una anécdota acerca del actual presidente mexicano, Vicente Fox, quien apenas resultó electo como gobernador del Estado de Guanajuato fue visitado por un sobrino para pedirle un importante favor político. Fox le respondió “con una esquela que, según nos dijeron, el sobrino aún conserva enmarcada en su oficina: ‘Siempre serás mi sobrino. Pero en tanto ocupe cualquier cargo público, no me pidas nada”. Y concluyen los famosos comunicólogos norteamericanos recomendando “a los gobernantes del futuro (que) tal vez quieran enviar un mensaje similar a sus familias. O crear un equipo especial de investigadores para vigilarlas. O quizás, en toda ceremonia de asunción del mando, los discursos, la música y los saludos deban ir seguidos de una sesión inicial con un terapeuta familiar”.

De manera que no hay por qué asustarse por el hecho de que algunas familias nicaragüenses se han envuelto en la escandalosa corrupción que hubo en el gobierno anterior. Las mafias sicilianas operan precisamente como organizaciones familiares y la historia abunda en casos de célebres familias corruptas, como la de los Borgia italianos en la época del Renacimiento, o aquella a la que el Dr. Pedro Joaquín Chamorro llamó en uno de sus libros más memorables, “la estirpe sangrienta” de Nicaragua.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí