El pintor austriaco, profesor Juan Fuchs Holl, también incluyó en su obra al padre Odorico D’Andrea cuando éste acababa de llegar al pueblo que lo albergó durante 36 años de su vida.

Los misterios del padre Odorico D’Andrea

Luis Eduardo Martínez Membreño/[email protected] MATAGALPA.- El 20 de marzo de 1990, durante el Vía Crucis que se realizaba en el denominado “Tepeyac Nicaragüense” de San Rafael del Norte, el padre Odorico D’Andrea fue víctima de un fuerte malestar, que dos días más tarde —el 22 de marzo— en horas de la madrugada, desembocó en un […]

Luis Eduardo Martínez Membreño/[email protected]

MATAGALPA.- El 20 de marzo de 1990, durante el Vía Crucis que se realizaba en el denominado “Tepeyac Nicaragüense” de San Rafael del Norte, el padre Odorico D’Andrea fue víctima de un fuerte malestar, que dos días más tarde —el 22 de marzo— en horas de la madrugada, desembocó en un ataque cardíaco. Sin embargo, recuperado un poco logra celebrar ese día lo que sería su última Santa Misa.

Obligado por el señor Alfonso Valdez y otros amigos como don René Alfonso Blandón, el padre Odorico por fin aceptó ser llevado por ellos a Matagalpa, no sin antes bendecir a quienes estaban presentes, lanzar un beso a la iglesia que él construyó y luego decir adiós a todos.

Una vez en Matagalpa, después de visitar al cardiólogo, el sacerdote es llevado al Convento del Templo San José, donde es asistido amorosamente por los frailes y hermanos franciscanos. Pocas horas después, a las doce meridiano en punto, la tristeza se apoderó de todos.

El padre Odorico viajaba hacia la vida eterna, a causa de un bloqueo completo de la aurícula izquierda. A esa hora se escucharon las campanas del reloj en la torre de la Iglesia San José. Lo más extraño es que el reloj no funcionaba desde hacía mucho tiempo, y tampoco nadie lo manipulaba.

El 23 de marzo se realiza el traslado triunfal de sus restos, de Matagalpa a San Rafael del Norte, donde los fieles le tributan un ininterrumpido homenaje que se extendió hasta la mañana del lunes 26 de marzo, cuando se realizó el apoteósico funeral y entierro en El Tepeyac, contando con la presencia de unas diez mil personas procedentes de todo el país.

Los que conocieron al padre Odorico aseguran que en vida este sacerdote tenía muchos dones milagrosos. Don Alberto Rivera Monzón, quien de niño fue monaguillo y luego amigo personal del padre Odorico, asegura que en una ocasión se presentó al Santuario de El Tepeyac el obispo Pedro Vílchez, y éste dejó las llaves dentro de su vehículo. Una vez dispuesto a partir, el Obispo no podía abrir la puerta de su camioneta, y el padre Odorico, con sólo un suave golpe de su mano abrió la puerta y el Obispo pudo regresar a Jinotega.

El tres de mayo de 1987, cuando la guerra fratricida estaba en una de sus etapas más cruentas, el padre Odorico, incansable promotor de la Paz y Reconciliación Nacional, celebró una Santa Eucaristía en la comarca La Naranja, en la que participaron los alzados (en ese tiempo llamados “contras”) y miembros del entonces Ejército Popular Sandinista, evento que se consideró profético y precursor en el proceso de paz en nuestra Patria.

“Las dos fuerzas armadas se sentaron, y muy respetuosamente, ante la gran autoridad moral y religiosa del padre Odorico, escucharon su misa, y el momento cumbre llegó cuando ambos bandos se estrecharon en un fraternal abrazo durante el saludo de paz en la misa”, recuerda Rivera.

EXTRAÑA APARICIÓN EN ITALIA

Se dice que a la misma hora en que el padre Odorico murió en Matagalpa, a las doce meridiano del 22 de marzo de 1990, familiares del religioso en Italia vieron, en el comedor de su casa, una silueta que aseguran era el padre Odorico. Luego de la extraña aparición, los familiares optaron por llamar telefónicamente, y fue entonces cuando recibieron la lamentable noticia.  

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