Fabio Gadea Mantilla
Cualquier persona sensata entiende que la publicidad gubernamental debe ser manejada en forma profesional y tratando de buscar el máximo rendimiento del presupuesto del cual se disponga. Un gobierno, cualquier gobierno, tiene la obligación de utilizar eficientemente el presupuesto publicitario haciendo uso de los medios de comunicación que gocen de mayor circulación, en el caso de los periódicos y de mayor audiencia en el caso de emisoras de radio y televisión.
Con pena se observa últimamente que algunos radioperiodistas, inclusive las asociaciones periodísticas, como la APN y la UPN, reclaman en altas voces su derecho a participar de lo que ellos han dado en llamar “el pastel publicitario”.
Creo que es una pena llamarle así al presupuesto publicitario del Gobierno pues da la impresión de que se trata de una piñata, de una repartición en la cual todos los periodistas deben sacar su tajada.
Según los dirigentes de la APN y la UPN todos los periodistas deben participar de este llamado “pastel publicitario”. De acuerdo con esto el presupuesto del Gobierno tendría que repartirse entre más de ochenta o más radioperiódicos como existen en el país. Cada nuevo radioperiodista, que a diario surge de la nada con una grabadora en la mano, deberá recibir su tajada del pastel o el Gobierno tendrá que sufrir la crítica incesante de todos y cada uno de ellos.
Los dirigentes de ambas organizaciones deberían ser los primeros en tratar de dignificar la labor del radioperiodismo haciéndolo cada vez más independiente y profesional. Son ellos precisamente quienes deberían evitar su participación en ese “pastel” que como ningún otro compromete el sano criterio y sobre todo la independencia que debe tener un periodista. Recibir esa tajada es comprometer el criterio independiente del radioperiodismo a cambio de un vulgar anuncio de propaganda.
He usado el término radioperiodista porque es en el radioperiodismo en donde más se da esta mala práctica. Nunca he visto a un reportero o columnista de ningún periódico serio del país protestar por este presupuesto del Gobierno y mucho menos llamarle pastel publicitario. Los periódicos serios como LA PRENSA han protestado cuando los gobiernos distribuyen sus presupuestos entre medios que supuestamente no gozan de circulación. Pero los reporteros de periódicos están libres de las tentaciones del pastel publicitario. Es otro sistema. Ellos no tienen que buscar anuncios para subsistir.
Un consejos sano al radioperiodismo: un radioperiódico es básicamente un programa de radio y estos viven de los anuncios publicitarios del comercio nacional. De manera que, lo más sano, lo más profesional, lo más independiente y lo más prestigioso para estos programas es dedicarse a perfeccionar su sistema noticioso y a buscar anuncios en el comercio nacional, tratando de mantenerse completamente libres de injerencias o sugerencias de ningún gobierno.
En resumen, el radioperiodismo no necesita reclamar participación alguna en el mal llamado pastel publicitario del Gobierno. Es más conveniente independizarse de una vez, cortar ese vínculo obligado que algunos han querido crear entre los gobiernos y el radioperiodismo. Entre menos amarras se tengan frente a los gobiernos mayor independencia de criterio tendrá el periodista. Es entonces cuando su espacio noticioso, su radioperiódico comenzará a proyectarse como servidor de la comunidad, como ente informativo y profesional al servicio de todos los sectores nacionales y de todo el pueblo de Nicaragua. Es decir, hacerse voz de los que no tienen voz, de aquellos que claman por justicia, libertad, democracia, honradez, transparencia y bienestar.
El autor es empresario radial.