Eduardo Enrí[email protected]
El jueves en la mañana —en el programa Buenos Días de Danilo Lacayo— el empresario Ricardo Terán reconoció que los negocios del grupo Roberto Terán G. “están mejor que el año pasado”. El empresario aseguró que están trabajando más duro que nunca, pero que en definitiva están mejor.
Me parece importante comentar el mensaje de Terán, que representa a uno de los grupos económicos más fuertes del país, porque viene a tocar un punto que he estado recalcando en las últimas semanas. La agudización de la crisis que supuestamente existe es en gran parte ficticia. Aquí no hay más crisis hoy que hace 10 meses, o que hace dos años. Lo que sí hay es más bulla.
Pero eso también es positivo. Antes, por mucha denuncia que saliera publicada en los diarios, nadie hacía nada, los funcionarios oían las denuncias como que oían llover. Ahora se siente más el conflicto porque ya el Estado no está copado por la corrupción. Hay una guerra contra los corruptos, y éstos, obviamente reaccionan con todo el poder que tienen.
Pero esa guerra no termina con una negociación, termina cuando se ha castigado a los corruptos. Eso debemos entenderlo para permitir que esa guerra se desarrolle por la vía política y judicial, pero no debe afectar al sector económico, como bien señalaba Terán. Esos son otros cien pesos.
La gente, los sectores económicos, no deben permitir que la guerra contra la corrupción, por encarnizada que sea, los paralice. Su mejor aporte a esta lucha —aparte claro de evitar prácticas corruptas— es asumir con valentía el reto del desarrollo económico. Invertir. Trabajar duro.
Es cierto que las circunstancias no son las mejores. Pueden citar problemas de altos costos de producción, falta de financiamiento, retraso tecnológico, falta de reglas del juego claras y mil cosas. Pero pensemos. ¿Acaso estas cosas no estaban allí hace un año? ¿O hace dos, o hace cinco años? Entonces, ¿por qué vamos a estar en una crisis mayor hoy?
Para mí la crisis es menor porque ya no existe el gobierno despilfarrador. Tampoco existe la corrupción galopante en el Ejecutivo. Ni existe la prepotencia, ni la falta de respeto a la población en general, a la que se ignoraba olímpicamente.
Es cierto que existe una guerra encarnizada, pero esa guerra es precisamente la que nos ha hecho avanzar. La batalla no está ganada, es más, falta mucho para ganarla y hasta se podría retroceder lo que se ha avanzado. Los nicaragüenses sólo tenemos una ventana de cinco años para desmontar la corrupción y montar un sistema que asegure que ésta no regrese.
Lo que más podría ayudar a los corruptos y a los que quieren que ese sistema perdure es que la empresa privada se congele. Los micro, pequeños, medianos y grandes empresarios tienen un reto que asumir, un riesgo que asumir, pero al fin y al cabo ésa es la esencia del sistema capitalista que tanto defienden.
Estoy seguro que el gobierno tiene que comprender su parte en este juego y facilitar las cosas en la medida de lo posible, pero los empresarios no pueden esperar hasta que todo esté tranquilo y en calma para invertir. Si esperan hasta entonces, ese entonces no llegará jamás. Ése es precisamente el rol que les toca jugar en esta guerra. Deben asumirlo.