Mustafá Alí Albuquerque
Desde la conquista española en el siglo XVI hasta la caída de la dictadura somocista, Nicaragua ha sido un país convulsionado por revueltas políticas, que obedecieron a intereses caciquistas.
Una de las dos únicas revoluciones que lograron consolidarse fueron las de José Santos Zelaya, del 11 de julio de 1893, que puso fin a los 30 años conservadores (1860-1,893) y separó al Estado de la Iglesia.
La otra revolución que se consolidó fue la sandinista del 19 de julio de 1979, que puso fin a los 45 años de nepotismo dictatorial de la familia Somoza (1934-1979).
La revolución y yo somos vecinos cercanos, hijos y dueños de nuestros triunfos y fracasos como seres imperfectos, privados como muchos de una madre biológica y hermano fruto de una lucha en la cual no participé en contra de los intereses de Estados Unidos.
Fui criado en una antagónica familia libero-conservadora y católica, yo opté ser islámico izquierdista, lejos de desear ser seudo apóstol de la vieja y nueva izquierda, declaro ser discípulo de la nueva izquierda pragmática, capaz de reconocer los errores internos y externos de mi partido.
En Nicaragua la ideología de izquierda se plantea en el primer tercio del siglo XX, en en Las Segovias, inspirada en el amor a la Patria y a su gente, de Augusto C. Sandino (1895-1934), quien inició una lucha sin tregua en octubre de 1926 contra la intervención yanki. Tiempo después, de 1960 al 63 aparecieron en los círculos universitarios y juveniles los movimientos políticos Social Cristiano y Juventud Patriótica Nicaragüense, de la que surgió el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que gozaba de una gran simpatía entre todos los sectores de la sociedad de entonces, lo cual le permitió alcanzar la victoria el histórico 19 de julio.
Por ello es necesario que este 19 de julio ondee en toda Nicaragua el intenso azul y blanco que representa a todos los nicaragüenses sin distingo político o religioso, antes que el rojo y negro.
La derrota electoral del sandinismo en 1990, mediante el sufragio universal, y luego en el 2001, me obliga a reflexionar de manera lógica y razonable qué rumbo debe tomar la izquierda nicaragüense mediante acciones propositivas en torno al tema del desempleo, la corrupción, idear estrategias conjuntas con los amplios sectores de la nación y negociar así con los organismos cooperantes como FMI, BID y otros y así contribuir al proceso de transformación que necesitamos en todos los aspectos.
A lo interno la izquierda debe abrir la cancha a nuevos dirigentes, lo cual significa que el comandante Daniel Ortega debe efectuar un retiro parcial convirtiéndose en secretario honorario por sus méritos incuestionables; Tomás Borge y Lenin Cerna deben ser auxiliares del primero, ya que estamos a tiempo de evitar las divisiones que se observan a lo interno de la derecha actual. Si Daniel Ortega desea ser recordado como líder debe capitalizar su carisma para la sostenibilidad y fortalecimiento del FSLN, y continuar la lucha patriótica heredada mediante los mismos principios democráticos que no permiten el continuismo ni el nepotismo, ni la personalización de la ideología, porque como es sabido responde a un programa ideológico participativo, de no ser así estaremos expuestos a que el Frente Sandinista desaparezca como la derecha de Augusto Pinochet o la derecha de Arnoldo Alemán.
Hasta la victoria siempre.
El autor es escritor.