¿Qué representan los niños y niñas en un hogar?

Sandra Molina [email protected]

Mucho se habla que los hijos son una bendición de Dios pero ¿qué representan los hijos e hijas en un hogar? Ésa es una pregunta que solamente podrán responder en tanto sean partícipes en el hogar.

No se trata que el niño o la niña resuelvan los problemas del hogar sino que reconozcan su papá (si lo hay), su mamá o quien asuma la responsabilidad de su tutoría, que ellos y ellas están dispuetos a participar en los quehaceres del hogar y para que realicen con amor todas aquellas cosas que puedan hacer en la familia.

Hablemos entonces de tres elementos sustanciales que requiere un hogar para tener un mejor funcionamiento.

1) La comunicación: al hablar de comunicación y ésta no debe delimitarse a la responsabilidad o deberes que tenemos en la familia, por eso si estamos ante un problema económico hemos de considerar que no es tema para los niños o niñas, lo cual es una grave equivocación, pues ellos no conocerán el porqué en su casa hay limitaciones en los alimentos, aflicciones, tristezas, pleitos, embargos, delitos, abandono, entre otros problemas. Sólo para ejemplificar, en diversos talleres compartidos con niños y niñas menores de 13 años, han participado aquellos que conocemos como “niños trabajadores”. El concepto de la vida, de familia y de amor que tienen es muy diferente al que tienen los que no trabajan por los ingresos de su familia no les permite por lo general tres tiempos de comida, acceso a salud, educación y recreación.

2) Confianza: si tomo una decisión desde mi posición de persona adulta y no se comenta con los miembros de mi hogar, obviamente que esta decisión puede traer como respuesta en dos vías: aceptación por el uso del poder o rechazo porque no estoy de acuerdo. En cambio, si acepto que en mi hogar hay otras personas, que ellos forman parte de la familia y que todos debemos tomar la decisión más acertada, lo más seguro será que los resultados de la decisión tomada tengan como respuesta una paz relativa.

3) Fidelidad: la práctica de la comunicación en la familia y de la confianza entre nos y otros, trae como resultado la fidelidad. Entendiéndose ésta, como la respuesta óptima que necesitan los asuntos del hogar y que evitará mayores desagravios, evitará al máximo los pleitos, aminorará las desesperanzas y las tristezas. Si mis hijos o mis hijas, son fieles dentro de nuestros hogares, cumplirán con sus deberes, fortalecerá la unión y la estabilidad familiar, conocerán que los riesgos en las calles son mayores y evitarán al máximo las malas relaciones; que el licor, el cigarro y las drogas son perjudiciales para la salud y para la propia familia; que las relaciones sexuales antes de tiempo, a escondidas y sin protección les acarrearía consecuencias graves en su proceso de desarrollo, que su participación en actos antisociales les conlleva a una posibilidad de conocer las cárceles.

Es así que en las familias debe iniciarse una práctica cotidiana de la conversación, al menos iniciar con cinco minutos (comamos todos juntos y sin ver televisión o sin oír la radio) hablemos de todos nosotros, recordemos lo que nos ha hecho reír, lo que nos ha causado tristezas, lo que quisiéramos de nuestros futuros. Pero recordemos, estas pláticas no pueden traer tonos de mando, acusaciones sin fundamento. Al reconocer lo anterior estamos aceptando que las niñas, niños y adolescentes son sujetos sociales y de derecho como lo consagra el Código de la Niñez y la Adolescencia.

La autora es directora de Funprode, organismo miembro de la Coordinadora de la Niñez.  

Editorial
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