Maurizio Fratini
Uno de los principales temas abordados durante el reciente encuentro en Roma entre el presidente Bolaños y el presidente de la República italiana, Ciampi, fue el desarrollo turístico de Nicaragua. Ciampi lo felicitó por las excepcionales riquezas naturales de este país y dijo a su homólogo: “Presidente, su país es bellísimo, pero todavía adolece de mucha pobreza. Tiene dos océanos, volcanes, lagos, ríos y bosques, ciudades históricas: el desarrollo económico depende también del turismo, que genera trabajo, riqueza y bienestar. ¿Por qué no aprovecharlo como han hecho otros países de América Central? Recuerda que Italia quedó en ruinas luego de la segunda guerra mundial y para su recuperación, se orientó precisamente hacia el turismo, que ahora se ha convertido en la “primera industria nacional”.
Don Enrique respondió que desafortunadamente hasta hoy no ha sido posible conseguir los necesarios y suficientes recursos financieros para construir las bases estructurales, principalmente vías de comunicación a lo largo de las costas (en cambio electricidad y agua no faltan) pero que éste es uno de los objetivos prioritarios de su Gobierno. El Presidente italiano se mostró complacido y sugirió la idea de involucrar a grandes y pequeños grupos turísticos europeos, que podrían estar interesados en promover inversiones, obviamente recuperables a corto plazo, con la condición de que Nicaragua sea capaz de ofrecer un punto de referencia —tanto jurídico como administrativo— seguro y transparente para generar confianza en los inversionistas: en tal caso, los financiamientos indudablemente no faltarían.
Igualmente, el viceministro italiano para las actividades productivas y el comercio exterior, Urso, abordó el argumento con el Canciller Caldera, poniendo a disposición las experiencias y conocimientos italianos en el sector del turismo y asegurando la máxima difusión, en los ambientes italianos interesados, de las grandes potencialidades de Nicaragua favorecidas por la ya existente ley que reconoce a los inversionistas, entre otras cosas, excepcionales beneficios fiscales.
Efectivamente, para un país como Nicaragua bendecido por la naturaleza, un adecuado número de lugares de atracción turística (complejos vacacionales, que incluyan hoteles, centros recreativos y de entretenimiento con restaurantes, tiendas, infraestructuras deportivas, centros de atención médica) sería capaz de atraer una vasta clientela tanto americana como europea, de generar empleo estable y bien remunerado para una buena parte de la población local, por lo tanto, mejoraría las condiciones de vida de numerosas familias, así como también generaría ingresos que el Estado podría reinvertir en programas sociales, con el fin de fomentar el desarrollo sostenible y el crecimiento económico del país.
Obviamente se necesitará tomar en cuenta los problemas de compatibilidad ambiental, sin embargo, una cautelosa política de desplazamiento geográfico servirá para evitar tanto el excesivo estancamiento como la masificación de flujos turísticos.
Es preciso también preparar un plan integral de desarrollo turístico en todo el territorio, a fin de descartar el peligro de un crecimiento desordenado, incentivar al máximo a los operadores con iniciativas de apoyo, tales como la formación profesional de los dirigentes (para la cual existen amplias posibilidades ofrecidas por la cooperación internacional, como por ejemplo las que ofrece la Unión Europea), en fin, implementar actividades conexas (artesanía local, servicios logísticos, etc.)
Las condiciones de base existen y, en perspectiva, son excelentes.
Entonces,¡manos a la obra!
El autor es Embajador de Italia en Nicaragua.