Edgard Tijerino M. [email protected]
“Yo nunca quise esa pelea”, me dijo hace unas semanas en Caracas, mientras desayunábamos, Luis Espada, quien era el manejador del panameño Rigoberto Riasco en 1975.
“No tenía el menor interés en retar la capacidad de destrucción de Alexis Argüello, pero gente de las esferas de mando decidieron que Rigoberto tenía que pelear por el cinturón pluma. Ésa fue la orden y así se hizo. Tengo que confesar, que me alegró que tal combate terminara rápido. Eso le evitó innecesario castigo a mi muchacho, y más adelante pudo coronarse, en una categoría de menor tonelaje como la súper-gallo”.
¿Qué ocurrió la noche del 31 de mayo de 1975, ante unos cuatro mil aficionados en el Estadio de Béisbol de la ciudad de Granada?
UN ASALTO
En los hechos, eso no fue pelea. Fue un autentico asalto a “mano armada”. Un choque de dos fuerzas desproporcionadas, que estuvo a punto de convertirse en un “homicidio”, de no haber sido por la oportuna y piadosa intervención del referee Carpentier. Me sorprendió que muchos la consideraran precipitada. Carpentier hizo bien en decirle ¡basta ya! al ímpetu brutal del explosivo flaco pinolero.
En menos de dos asaltos Argüello convertido en un ciclón, había logrado borrar del cuadrilátero al retador canalero, exhibiendo una notable variedad de recursos ofensivos unidos a su potencia habitual.
El fiero campeón hizo la pelea prometida: salió a “matar” desde el mismo primer asalto y estaba propinándole a Riasco una vapuleada de proporciones mayúsculas, realizando una pelea sin concesiones, alternando la violencia con los aciertos, arrasando con todo.
¿QUÉ PODIA HACER?
Frente a un adversario tan agresivo y tan dominante, no pudo Riasco exhibir mucho. Ni la velocidad que lo caracteriza, ni la codicia que debe identificar a todo aspirante que busca a hierro y fuego cómo ceñirse la corona universal.
Argüello traía en su mente una obsesión de mostrarse ante su público como un señor campeón del mundo. Subió al ring dispuesto a resolver lo más rápidamente posible el combate, a mostrar su empuje demoledor sin aplicar pausas, y lo consiguió plenamente. Por dos asaltos, Alexis fue “El Magnifico”, desplegando sus mejores habilidades, dominando majestuosamente al rival, mostrándose frío, pensante y vigoroso. Así acabó con Riasco en menos de seis minutos.
RUMBO A la MASACRE
Argüello no le permitió al retador, trazar un plan adecuado de combate. Riasco tuvo que someterse al mandato de un peleador rudo, fuerte, tenaz, inquebrantable, sólido. Manantial de fuerzas físicas y espirituales, Argüello le pegó a Riasco la tunda de su vida. Carpentier, muy humano, detuvo la masacre cuando el combate ya no tenía vuelta y uno o dos golpes más del flaco, podrían haber provocado un desenlace lamentable, dado el estado semi-inconsciente del aspirante.
Argüello tuvo la gran virtud de llevar el combate al terreno más propicio. ¿Recuerdan a Aníbal?, el hijo de Amilcar Barca, el de los elefantes que cruzaron los Alpes para que, empleados como modernos tanques, derrotaran una y otra vez a los ejércitos romanos. Hasta que Roma designó dictador a Fabio. Este estableció su campo en un lugar terreno elegido fue dando golpes de mano contra los cartagineses y llegó a acorralar a Aníbal, logrando escapar éste gracias a una hábil estratega. Antes de que esto sucediera, para picar el amor propio del romano, Aníbal decía: Si Fabio fuera un gran general, bajaría al llano a darme la batalla. Y el romano, a quien llegaron las palabras del cartaginés, replicó: Si Aníbal se cree un general, que suba a luchar en mi terreno.
YO MANDO, YO PEGO
Esa noche de aquel 31 de mayo del 75, la capacidad, confianza y determinación de Alexis obligaron al retador a salirse de su terreno y combatir en el del campeón. Fue Alexis quien propuso la distancia larga esgrimiendo su machacante y poderosa izquierda. Fue Argüello quien llevó la voz cantante en los contragolpes. Y finalmente, fue Argüello quien decidió achicar los espacios lanzándose huracanadamente al ataque. Siempre Riasco estuvo en el terreno propicio para Argüello.
El desequilibrio fue aplastante. Parecía mentira que Riasco haya hecho “tan poco” y Alexis “tanto”. Pero así fue. Desde el primer minuto del primer round, Alexis se sobró. Cuando finalizaron los primeros tres minutos, la pelea echaba lumbre. Riasco incapaz de hacer boxeo sereno, a distancia conveniente, tuvo que aceptar el tipo de combate propuesto por Argüello. Y el campeón mostró entonces que es un peleador de recursos, un peleador con oficio, que no ataca de frente, sino siempre moviéndose el torso, a veces de perfil y abriendo las ofensivas con golpes que entraban por cualquier resquicio dejando abierto por la guardia descompuesta de un adversario al que sometía a intensísima presión.
FIN DEL DRAMA
En el segundo asalto, que sería el último, Argüello utilizó sus puños como si fueran un par de metralletas. Estaba siempre encima de Riasco y disparaba sus golpes con rapidez y fortaleza. El campeón no concedió ninguna tregua. Riasco, con la mirada nublada, las piernas vacilantes y la mente fuera del cuadrilátero, era la viva imagen del deterioro.
Eso no se aprecia por la pantalla del televisor, pero pudo observarse claramente, como Argüello lo arrastró a golpes de cuerda en cuerda. Un derechazo de varios megatones lo tiró hacía atrás y el flaco se lanzó sobre él con una furia homicida. El nocaut lo intuyó todo el estadio, pero Carpentier se interpuso y evitó la masacre completa, el derrumbamiento total.
COMO FRENARLO
Rigoberto Riasco quiso pelear y sucumbió ante una máquina de “matar”. Después de lo visto, todos quedaron convencidos que Argüello es un gran campeón, un señor campeón, un supercampeón. Si la báscula lo permite, hay campeón para largo rato en la división Pluma.
¿Cómo frenarlo? Ésa era en aquel tiempo, una pregunta sin respuesta. Y uno pensaba que la única manera de lograrlo era subiendo al ring armado de una ametralladora.
CUATRO DEFENSAS
Alexis, que falló ante Marcel en busca del cetro pluma de la AMB el 16 de febrero de 1974 en Panamá, logró coronarse el 23 de noviembre de ese mismo año derrotando por KO en 13 a Rubén Olivares en Los Ángeles.
Realizó cuatro defensas en las 126 libras: 1) Noqueando en 8 rounds a Leonel Hernández en Caracas, el 15 de marzo de 1975 2) Destrozando en 2 asaltos a Rigoberto Riasco en Granada 3) Fulminando después de 5 campanazos de aperturas de rounds al japonés Royal Kobayashi en Tokio 4) Pulverizando a Salvador Torres en Los Ángeles antes de cerrarse el tercer asalto.
Para la pelea con Riasco, el costo del boleto en Ring Side, fue de 50 dólares, 350 córdobas. Claro favorito frente a un retador al que nadie le concedió el menor chance, no se pudo lograr una gran entrada. Fue esa la primera pelea de Campeonato Mundial en Nicaragua.