El controversial tema del Juicio por Jurado

José Joaquín Quadra C.

Desde en tiempos del Jefe de Estado, don José Zepeda, se establece el Juicio de Jurados en 1835, aprobándose en 1837.

442 años funcionaron en Nicaragua con sus pro y sus contras hasta 1979 cuando fueron eliminados y los delitos eran juzgados y resueltos por los jueces. Es en 1992 que entran nuevamente a funcionar los Tribunales de Jurados y a impartir justicia.

La suspensión en 79 fue producto de la rigidez totalitaria del marxismo, que pone en una sola persona la justicia.

En cambio el sistema democrático hace partícipe al pueblo dentro del sistema de Jurados.

Es opinión general de la mayoría de los juristas el no estar de acuerdo o mejor dicho satisfecho con la forma de administrar “justicia” por parte de la sociedad civil, representada en los miembros del tribunal de jurados.

Dos opiniones como ejemplo: el Dr. Guillermo Vargas Sandino, ex juez de gran prestigio y Magistrado actual de la CSJ, califica como desastre, pero señala que el problema proviene de fallas en los Códigos.

A un joven y destacado jurista, Dr. Sergio Cuaresma, lo escuchamos afirmar, lo dudoso del sistema, pero claro y afirmativo en que en nuestro país existe un sistema jurídico arcaico.

Hace años me correspondía como una obligación ciudadana integrar la lista de jurados en la ciudad de Granada, varias veces tuve que actuar y creo que casi siempre impresionaban más las exposiciones a veces dramatizadas de los abogados, defensor o acusador, que los aspectos legales que contenían los expedientes.

Ahora ya pasé la edad y más bien he sido honrado por la Corte Suprema para participar en la escogencia de futuros jurados. Fue en los años 96-97 ó 98 que recibí cita para reunirnos en la Alcaldía, con anomalías de fijar fechas posteriores a la señalada por la Ley de ser el primer Domingo de Febrero las elecciones de jurados en todo el país, con una rigidez absurda, creo que ya fue enmendado ese error. Fue el caso sí, que por problemas de cambio de alcalde no se pudo efectuar la reunión en fecha y Granada se quedó por un año sin Jurados, cometiéndose en nombre de la Ley la mayor de las injusticias, cuántos reos cuyos casos estaban sólo de jurados para ser absueltos pasaron muchos años más de cárcel.

Expuesto lo anterior, doy como ciudadano una opinión sobre el problema. De seguir el sistema después de las reformas, podría mejorar mucho con una ley de servicio civil para los estudiantes de Derecho, que darían en sus dos últimos años su aporte integrando las listas de jurados. Sería para los estudiantes una de las mejores clases, aprendizaje y conocimiento de artículos que argumentan los defensores y acusadores, y desde luego con más conocimiento de los expedientes y menos influencias de dramatismo de los alegatos.

He tenido referencias de ciertas anomalías que se pueden efectuar en contra de una verdadera justicia.

En el personal del Juzgado hay funcionarios que adquieren gran confianza e influencia, llegando al extremo de pedirle al juez el manejo de la desinsaculación, llevando de antemano la consigna de que cualquier número que salga, él lleva ya memorizado los que corresponden a jurados comprometidos en fallo de inocencia para el procesado.

A propósito, recuerdo una anécdota simpática de la vida colegial. Es el examen de bachillerato que era muy engorroso, pues se preguntaba de cualquier asignatura cursada en los cinco años de secundaria. Para el examen el profesor preparaba tres fichas, con diferentes contenidos, de diferentes materias, uno tenía que estudiar las tres y esperar que la suerte lo favoreciera, pero es el caso, que un amigo se propuso prepararse solo en una y escogió la ficha tres; el día del examen con gran solemnidad se llegaba al despacho del Padre Prefecto y en una urnita estaban las tres bolitas, teniendo que sacar una y decir el número correspondiente. El amigo, con un valor desmedido metió la mano, sacó la bolita, la quedó viendo con serenidad vio al Padre Prefecto y le dijo: “la tres Reverendo”, fingiendo una cara de no muy satisfecho y de inmediato depositó la bolita en la urna, el amigo contaba que no vio nada. Su examen, desde luego, fue brillante.

El autor es historiador.  

Editorial
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