Norma Peñalba [email protected]
El 17 de enero de 1997, hace 5 años, julio César Astrada, de 32 años, se convirtió en líder religioso que fundó la Nueva Iglesia por haber sentido el llamado de Dios el mismo día que había planeado la fuga junto a otros prisioneros.
Se trata de un grupo de presos de la Penitenciaría de Córdoba, República Argentina. Cuentan ellos mismos: “Todos tenemos prisión perpetua. Hemos hecho cosas terribles, cocaína, alcohol, homosexualidad, ladrones, asesinos, violadores y una larga lista de delitos de niveles muy altos y reincidentes”.
Los prisioneros fieles, “Los Guerreros”, dice una de las autoridades penitenciarias, surgieron cuando los presos que recibían la visita de algunos pastores evangelistas, se cansaron de ser utilizados, o no quisieron ser manejados desde afuera y decidieron formar la Iglesia Madre, convirtiéndose Astrada en líder religioso de la Nueva Iglesia con independencia de referentes externos.
La comunicación espiritual irradió la luz de la nueva verdad a la multitud de celdas que la rodeaban. Al incrementarse sus adeptos formaron su propia jerarquía eclesiástica, designando pastores, diáconos, copastores, creando grupos de oración, no dejaron de leer la Biblia y los evangelios, dándose sus propias reglas. Se autoprohibieron el tabaco, el alcohol, las drogas (que se comercializaban clandestinamente en la cárcel), la pornografía, las peleas y tenencia de piezas o elementos que antes fabricaban y escondían para atacar o defenderse, según las necesidades del momento.
Las autoridades de la cárcel, primero no sabían cómo reaccionar, comenzaron a apreciar la tranquilidad que traía la Iglesia y los objetivos buenos que ayudan al individuo a alcanzar un ideal elevado.
El 14 de noviembre de 2001 participaron en un bautizo multitudinario con el permiso de las autoridades en el patio de la cárcel. El total de presos es de 1,600, y están dispuestos a mejorar su conducta 1,400, ellos leen, trabajan, estudian, etc. Oportunidades que da la cárcel, pero hay 200 que son irredentos.
Actualmente hay casas de oración que son germen de nuevas iglesias, los nuevos hermanos se esfuerzan por vencer sus bajos deseos; ya que en esos pabellones, los guardias parecen estar de más y el director de la penitenciaría, Eduardo Sardarelic, ha reconocido que los “Guerreros de Jesucristo” han ayudado a pacificar la cárcel.
Hay pastores que ya han abandonado la prisión, uno de ellos Luis Banegas, junto a otros, ya libres fundaron un anexo y una capilla ayudados por jóvenes entusiastas que en 9 meses ya tienen cómo recibir a los que salen en libertad y no tienen casa ni alimentos. Muchos adolescentes los ayudan, y los padres confían en los que están afuera sabiendo que se han superado. Se observa que los presos, casi en su totalidad, se han declarado seguidores de la nueva Iglesia y tienen respeto por su credo.
Creo en el ser humano, y estos prisioneros se han preocupado por mejorar su personalidad, esforzándose por lograr normas superiores de justicia.
Este relato me ha impresionado debido a que nunca imaginé que elementos de tan bajo nivel social pudieran dar este ejemplo al mundo.
Nosotros, los nicaragüenses, quisiéramos que la perturbación política que ha durado tanto tiempo y que ha creado una máquina corrupta, cesara y pudiera darse un régimen en el que nuestros profesionales, intelectuales, empresarios, técnicos, obreros, etc., se dieran la oportunidad de retomar las enseñanzas que un día conocieron: MORAL Y ÉTICA, y la creación de la escala de valores de la que tanta necesidad se tiene hoy.
La autora es miembro del Grupo de Reflexión y Participación Ciudadana.