Esta semana la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de Norteamérica aprobó una resolución que plantea, por primera vez, la posibilidad de que el gobierno de Washington le brinde ayuda militar a Colombia para ser usada en la lucha contra las organizaciones terroristas. La noticia ocupó las ocho columnas de El Tiempo, el diario de mayor prestigio de Bogotá, y con justa razón, ya que para los colombianos lo que está en juego es nada menos que el sistema democrático de vida que, si triunfaran los terroristas de las FARC y el ELN, seguramente sería sustituido por un opresivo y brutal sistema comunista.
La mencionada resolución, que fue aprobada por congresistas demócratas y republicanos en sesión plenaria, el miércoles recién pasado, dice que: “Es el parecer de la Cámara de Representantes que el Presidente [Bush], cuanto antes, debe transmitir al Congreso para su consideración una legislación que ayude al gobierno de Colombia a defender su democracia de organizaciones consideradas terroristas por Estados Unidos y de la amenaza de los narcóticos ilícitos”.
Hasta la fecha, la legislación estadounidense establece que su asistencia militar sólo puede ser usada para combatir el narcotráfico, pero no el terrorismo. Pero esa política restrictiva, heredada de la Administración Clinton, está a punto de cambiar en beneficio de los colombianos, ya que con la ayuda militar norteamericana estarían en mayor capacidad para defenderse de una narcoguerrilla que cuenta con recursos financieros prácticamente ilimitados para la compra de armas y pertrechos de guerra.
Las razones para el cambio de política de Estados Unidos hacia Colombia tienen mucho que ver con lo ocurrido el 11 de septiembre del año pasado (el ataque terrorista contra las torres gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington) y con la decisión del presidente Andrés Pastrana de dar por finalizado el engañoso proceso de paz con la narcoguerrilla, a mediados del mes pasado. Pero un elemento que no puede soslayarse en este cambio de rumbo es la llegada de Otto Reich a la Subsecretaría de Asuntos Latinoamericanos en el Departamento de Estado, cuya nominación había sido bloqueada por el senador demócrata Christopher Dodd, líder del Comité de Relaciones Exteriores del Senado en lo que a América Latina se refiere. No obstante, el presidente George Bush nombró a Reich a principios de año haciendo uso de una prerrogativa que le permite nombrar directamente a ciertos funcionarios del Departamento de Estado mientras el Congreso esté en receso. Con el nombramiento de Reich, la política exterior de Estados Unidos respecto a Colombia habrá dejado de estar en “piloto automático”, como The Washington Post dijera que estuvo durante todo el año pasado.
El mismo día en que la Cámara de Representantes emitió la resolución referida, el secretario de Estado Collin Powell testificó ante una audiencia de la misma Cámara, y dijo que: “Puede que sea necesario dar a Colombia apoyo adicional por fuera de la canasta de lo que es antinarcóticos, para que ellos puedan enfrentar esta amenaza contra la supervivencia de su nación. El Presidente [Bush] ha recibido diversas recomendaciones, pero no ha tomado ninguna decisión. Cuando hayamos completado la revisión de la política vendremos al Congreso y pediremos lo que creamos se necesita.”
Es evidente que los colombianos están dispuestos a ponerle fin a ese prolongado y desgastador conflicto. El gran apoyo popular a la decisión del presidente Pastrana de dar por terminado el ineficaz proceso de paz así lo indica. El extraordinario apoyo popular al candidato presidencial Álvaro Uribe, quien lidera la intención de voto con un 59.5 por ciento, seguido por Horacio Serpa en un segundo lugar con sólo un 24 por ciento, es otro claro indicador. Los colombianos elegirán nuevo Presidente en mayo, y Uribe es el candidato más dispuesto a confrontar la narcoguerrilla.
Ante esos hechos, es sólo cuestión de tiempo que Estados Unidos cambie su política de asistencia a Colombia para que el Ejército de ese país pueda neutralizar y derrotar a la narcoguerrilla. Tanto es así, que uno de los grupos terroristas, el ELN, dijo que está dispuesto a negociar con el gobierno. Esta vez, sin embargo, se espera que Pastrana no caiga en la trampa.