Los motivos de Cordero

Ary Neil [email protected]

La ausencia de una explicación que satisfaga a la opinión pública sobre la destitución del jefe antidrogas de la Policía Nacional, comisionado mayor Pedro Aguilar, crea mucha suspicacia y hasta desconfianza en la institución que, hasta el año pasado, era considerada una de las más profesionales de América Latina.

El silencio absoluto en torno al caso deja espacio para imaginar lo peor. Y lo peor que se puede pensar es que hay un interés especial del jefe de la Policía en esconder “algo” en beneficio de políticos, funcionarios y ex funcionarios de este país e, incluso, evitar que salgan a luz pública “asuntos internos” de la institución que incluyan al mismo Aguilar.

También se puede pensar que hay una enorme presión de sectores políticos y del actual gobierno sobre la jefatura policial, principalmente sobre el primer comisionado Edwin Cordero, con el fin de evitar investigaciones de los más sonados actos de corrupción, y para impedir esas investigaciones hay que debilitar los “puntos claves” de la institución.

En cualquier caso, como ciudadano que paga sus impuestos de los cuales salen los salarios de los policías, y por el bien de la institución, tengo el derecho a exigir al señor Cordero que explique por qué destituyó a Pedro Aguilar, independientemente de las consecuencias externas e internas que ello implique para la Policía.

Si hay motivos valederos, hay que aceptarlos, pero si el silencio continúa, la credibilidad que la institución ha logrado en estos años se vendrá al suelo. El solo hecho de la destitución de Aguilar puso en entredicho la institucionalidad de la Policía, máxime aun cuando se trata de un jefe cuyo trabajo ha sido reconocido hasta por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y cuesta mucho creer en una causa justificada. Y si hay una razón, ¿por qué el silencio?

En agosto del año pasado, escribí sobre la decisión del entonces presidente Arnoldo Alemán de nombrar al nuevo director de la Policía. A algunos jefes policiales, incluyendo a Cordero, les incomodó el enfoque que di al artículo, ahora estoy seguro de que no me equivoqué al cuestionar la decisión de Alemán.

No me sorprendió el nombramiento de Cordero. El nuevo director general de la Policía debía responder a los intereses de quien lo nombró; sin embargo, me extrañó el retiro del comisionado mayor Javier Palacios, y con la reciente salida de Aguilar casi se ha completado el descabezamiento del área investigativa de la Policía.

Si me equivoco en mis apreciaciones, de la manera más atenta le solicito al señor Cordero que las aclare, para el bienestar y satisfacción de la sociedad que exige y espera una institución que vele por los intereses ciudadanos de todos los nicaragüenses y no por los de unos pocos.

El autor es periodista.  

Editorial
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