Mujeres en la historia

Luis Sánchez [email protected]

A propósito del día internacional de la Mujer que se celebra hoy, hojeé el Diccionario de Mujeres en la Historia, de Cristina Segura Graíño (Editorial Espasa Calpe, Madrid, España, 1999), para averiguar cuántas mujeres nicaragüenses están incluidas en él.

Debo confesar que sufrí una decepción al descubrir que entre las 1,587 celebridades femeninas que están incluidas en el mencionado Diccionario, sólo hay tres nicaragüenses, que son las siguientes:

Primera, Nora Astorga, la heroína sandinista que tuvo una controversial participación en el asesinato del coronel de la Guardia Nacional somocista, Reynaldo Pérez Vega, ocurrido en 1978. Nora Astorga participó en la lucha armada antisomocista en 1978 y 1979, fue viceministra del Exterior y embajadora —durante el régimen sandinista— de Nicaragua en Washington y en la ONU.

Segunda, Gioconda Belli, poeta y novelista, antigua militante del FSLN, representó a éste en el Consejo Nacional de Partidos Políticos. Belli es conocida internacionalmente como autora de varios libros de poesía y ficción. Actualmente es crítica y disidente sandinista.

Y tercera, Violeta Barrios de Chamorro, viuda del Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua y Director Mártir de LA PRENSA, Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Ella fue una de los cinco miembros de la Junta de Gobierno que sustituyó formalmente en el poder al dictador Anastasio Somoza Debayle, cuando éste fue derrocado por la insurrección popular, a mediados de julio de 1979. Doña Violeta se retiró de la Junta y se convirtió en activa opositora al régimen del FSLN, fue candidata presidencial de la Unión Nacional Opositora (UNO) en las elecciones del 25 de febrero de 1990, y al triunfar, ejerció la Presidencia de la República de Nicaragua durante el primer período de la transición democrática nacional, del 25 de abril de 1990 al 9 de enero de 1997.

En el mencionado Diccionario de Mujeres en la Historia, faltan, según mi parecer, destacadas mujeres nicaragüenses, tales como Rafaela Herrera, la niña heroína que en ausencia de su padre asumió el mando en la defensa del Castillo de la Inmaculada Concepción, en el Río San Juan, y repelió el ataque de los agresores ingleses; María Teresa Sánchez, quien, como bien dice Jorge Eduardo Arellano en su obra Héroes sin fusil, merece el título de “primera mujer de las artes y las letras nicaragüenses”; Rosario Aguilar, también la primera mujer que incursionó —con todo éxito— en la narrativa nicaragüense; Edith Gron, la mejor escultora de Nicaragua y una de las grandes a nivel internacional; Elena Arellano, promotora de la educación católica y del establecimiento de Órdenes Religiosas en Nicaragua; Josefa Toledo de Aguerri, insigne educadora nicaragüense que obtuvo el título de Mujer de las Américas; y Sor María Romero Meneses, la primera y única santa nicaragüense que precisamente será canonizada el próximo 17 de abril.

A lo mejor hay otras mujeres nicaragüenses que merezcan ser incluidas en el Diccionario de Mujeres en la Historia, y que, según las propias palabras de su autora, la española Cristina Segura Graíño, “se han hecho sitio en la historia, la cultura o la sociedad muy duramente y todavía no tienen el reconocimiento merecido”.

Sería bueno proponerle a Segura y a Espasa Calpe que las tome en cuenta para la siguiente edición del Diccionario de Mujeres en la Historia.  

Editorial
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