El Día Internacional de la Mujer, que se celebra hoy 8 de marzo, es una de las pocas festividades de origen comunista que arraigó y se oficializó en muchos países del mundo.
Según lo que se dice en un documento del Centro de Información de las Naciones Unidas para México, Cuba y República Dominicana, el Día Internacional de la Mujer se comenzó a celebrar en 1911 por iniciativa de la dirigente comunista alemana Clara Zetkin, quien presentó la propuesta en 1910, durante un congreso internacional de mujeres socialistas que se celebró en Copenhague, Dinamarca. El 8 de marzo, dice el documento de la ONU, “se escogió para honrar la memoria y el testimonio de la lucha de un grupo de mujeres que, con gran entereza, ocuparon en 1857 la fábrica textil donde trabajaban en la ciudad de Nueva York, para exigir igualdad de salarios y una jornada de 10 horas de trabajo. La respuesta de los dueños a esta reclamación fue provocar el fuego en la planta ocupada, en donde murieron 129 obreras”.
Durante mucho tiempo, el Día Internacional de la Mujer se celebró oficialmente sólo en los países dominados por regímenes comunistas e izquierdistas en términos generales, hasta que en 1975 la celebración fue adoptada por las Naciones Unidas, y llamó a todos los países miembros a institucionalizarla. Y en Nicaragua, el Día Internacional de la Mujer se comenzó a celebrar, de manera marginal y muy modesta, en los años 30 del siglo 20, después que se fundó —en 1931— el Partido Trabajador Nicaragüense (PTN), el que creó un Frente Obrero Femenino para hacer proselitismo entre las mujeres. La celebración del Día Internacional de la Mujer en Nicaragua se oficializó hasta en 1980, bajo el régimen sandinista.
Pero no es por su origen comunista ni sólo por acatar la decisión de la ONU de institucionalizar internacionalmente la celebración del Día de la Mujer, que ésta se ha arraigado en la mayor parte del mundo. En realidad, el arraigo de esta celebración se debe más bien a que la aspiración a la igualdad política, laboral y cultural de las mujeres con respecto de los hombres, es común a toda la humanidad que sustenta y comparte el principio, de vigencia universal, de que ninguna sociedad puede ser verdadera y totalmente libre mientras exista en ella cualquier forma de discriminación y opresión a la mujer.
Ciertamente, desde que se proclamó el Día Internacional de la Mujer, en 1911, y sobre todo desde que fue institucionalizado por la ONU en 1975, las mujeres han logrado avances significativos en todo el mundo, inclusive en Nicaragua. A pesar de los resabios machistas en la sociedad y de la persistencia de las formas tradicionales de discriminación de las mujeres, éstas han venido conquistando mejores posiciones en la vida familiar, en el trabajo, la educación y la participación social, política y gubernamental.
Precisamente en estos días se informó que la Unión Interparlamentaria, organismo que agrupa a los parlamentos de casi todo el mundo y tiene su sede en Ginebra, Suiza, dio a conocer que Nicaragua es uno de los apenas 9 países en los que la representación femenina en los poderes legislativos aumentó durante el año pasado (LA PRENSA, miércoles 6 de marzo).
Sin embargo, esta misma semana se conocieron los resultados de una encuesta que hizo la firma Borge & Asociados para la Fundación Género y Sociedad (Geso), en la que se comprueba una vez más cuán porfiada es la cultura machista y sexista en nuestra sociedad, como, por ejemplo, en los casos de falta de reconocimiento legal y de manutención de los hijos que son procreados fuera de matrimonio, lo cual es considerado normal no sólo por la generalidad de los hombres sino también por muchas mujeres. No obstante, la misma encuesta reveló que los padres son más responsables con los hijos habidos en matrimonio.
Eso significa que lo que conviene es promover el fortalecimiento de la institución matrimonial, en vez de debilitarla; y además, es bien sabido que el pernicioso y repugnante fenómeno de la violencia doméstica tiende a disminuir en la medida en que la unión conyugal se consolida por medio del matrimonio.