Julio Ignacio [email protected]
Discutiendo con algunos analistas en el exilio de Miami, llegamos a la conclusión de que el principal problema de Nicaragua es nuestra cultura política, pues la apatía, la indolencia, la displicencia, la desidia, la indiferencia, el oportunismo y el egoísmo, tienen raíces profundas en nuestro carácter. Los tiranos empiezan probando con abusos pequeños, comprando lealtades, y si no ven una reacción de la comunidad, censurándolos, siguen cometiendo otros, probando el terreno, avanzando, poquito a poco, hasta que se montan y nos hacen creer que hacen lo correcto, al punto de fundamentarse nuestra sociedad, en valores distorsionados. Nuestros legisladores no legislan la justicia, lo que ellos quieren se hace justo. Así ocurrió con la diputación designada de Arnoldo, que lo llevó a la presidencia de la Asamblea Nacional, y con tantas otras cosas que han hecho manipulando las leyes de acuerdo con sus intereses.
La gravedad de nuestros males se palpa cuando hablando con gente respetable, nos damos cuenta, por ejemplo, que algunos, con la mejor buena intención, creen que Arnoldo está en su derecho a ser presidente de la Asamblea.
Esa costumbre de valores distorsionados, que con el tiempo, por el uso, convertimos en legítimos, ignora el abuso del derecho, el fraude a la ley, y la desviación del poder, todos ellos actos ilícitos por ser contrarios a los principios.
Cuando en el proceso de transición de España a la democracia, después de las primeras elecciones con garantías constitucionales para todos los partidos, uno de los pilares de la transición, el vicepresidente saliente, Alfonso Osorio, un constitucionalista, que por considerar cumplida su misión no aceptó un ministerio que le ofreció el presidente Suárez en el nuevo gobierno, tampoco aceptó la presidencia del Senado español que le ofrecieron como segunda opción, ya que era nombrado por el Rey como Senador Real de acuerdo con la Constitución española, porque según dijo el mismo Osorio, eso no sería ni legítimo, ni correcto, ni ético, por ser senador designado, no electo, por lo tanto contrario a los principios.
El sistema de Arnoldo es hacer las cosas malas y dejar que la gente se olvide de sus abusos, y que se acostumbren a ellos, para que después sean vistos como normales. La presidencia de la Asamblea de Arnoldo es ilegítima, y no debemos olvidarnos de eso. Constitucionalmente Nicaragua es un país representativo, la Constitución dice en su Arto. # 2), que el poder político lo ejerce el pueblo por medio de sus representantes libremente elegidos por sufragio universal, y en el Arto.# 7) declara que Nicaragua es una república representativa.
Según el tratadista Norberto Bobbio, un estado representativo es aquel, en que las principales deliberaciones políticas son realizadas por los representantes elegidos por el pueblo, como fiduciarios de los intereses generales.
Arnoldo Alemán no tiene ninguna representación, y si se apoderó de la presidencia de la Asamblea Legislativa es por la indolencia o el oportunismo que nos caracteriza.
El autor es ex ministro del Trabajo.