Sally BuzbeeAP
WASHINGTON.- Han derribado helicópteros estadounidenses y han muerto soldados. Una intensa batalla se libra en tierra. Un enemigo bien armado y sagaz está atrincherado y dispuesto a todo.
Después de meses de lo que pareció mayormente una operación de despeje, la súbita intensificación de la guerra en Afganistán ha dejado en claro que la victoria podría estar lejana, tal como ha advertido reiteradamente el presidente George W. Bush.
Y podría cobrar un precio elevado, como revela la creciente cifra de bajas.
“Estamos entrando en una fase en la que podemos ir físicamente a lugares dentro de Afganistán para liquidar bolsones de resistencia. Y por cierto es más peligroso”, admitió el lunes el comandante a cargo de la guerra, el general Tommy Franks.
Por primera vez en la guerra, los soldados norteamericanos están asumiendo el papel protagónico y librando una batalla campal contra los combatientes del grupo Al-Qaeda, mientras sus aliados afganos desempeñan principalmente un papel auxiliar.
Sensibles a la reacción pública ante los peligros mayores, las autoridades de la Casa Blanca trazaron un plan de comunicaciones destinado a convencer a los ciudadanos de que Al-Qaeda ha sufrido bajas mucho mayores y que Estados Unidos está ganando. También se proponen recordar al pueblo que las bajas son parte de la guerra.
“El presidente ha dicho a nuestro país que debemos estar preparados para las bajas”, dijo el vocero de la Casa Blanca Ari Fleischer.
Pero las autoridades temen que, pese a los constantes recordatorios, los estadounidenses podrían tener la falsa impresión de que lo peor ha quedado atrás.
Los dirigentes del Pentágono se esforzaron en destacar el lunes que habrá más combates en Afganistán y que Estados Unidos no cejará en su intento.
“Las únicas salidas para Al-Qaeda son rendirse o morir. Y nosotros estamos dispuestos a seguir todo lo que sea preciso’’, afirmó el general Richard Myers, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.
Pero las fuerzas de Al-Qaeda que enfrenta Estados Unidos tienen tantos recursos que podrían volver a escaparse como lo hicieron antes.
En la segunda mitad de diciembre, unos pocos efectivos estadounidenses que dirigieron fuerzas afganas y colaboraron con ellos lograron desplazar a los combatientes de Al-Qaeda de las montañas de Tora Bora. Pero muchos escaparon, al parecer, cruzando la frontera paquistaní para luego regresar a Gardez, al sur de Tora Bora, donde se encuentran ahora varios de ellos.