Joaquín Cuadra [email protected]
La presidencia de la Asamblea Nacional en la persona de Arnoldo Alemán y la ostentación de poder que él hace desde allí, ha significado un retroceso en la construcción de la democracia en Nicaragua. Al margen de los errados cálculos políticos del FSLN, que propiciaron la curul regalada para el ex Presidente, violentando los más sagrados principios de representatividad que deben prevalecer en el Poder Legislativo, el hecho cierto es que tempranamente su gestión ha mostrado ser dañina a los intereses de la institucionalidad democrática del país.
En tan sólo unas cuantas semanas con su discurso provocador y las iniciativas de ley que ha impulsado a través de sus subordinados, Arnoldo Alemán ha agregado zozobra, incertidumbre e inestabilidad en la vida nacional. Primero fue el anuncio de la Ley del “Catorceavo” Mes, hija de la demagogia y de la manipulación de los problemas de los más pobres; luego anunció el despojo del Seis por Ciento para las Universidades, pretendiendo conculcar derechos constitucionales adquiridos, y más recientemente intentó aprobar una ley carente de toda legalidad para definir causales de Destitución de los Magistrados y Contralores con el voto de la mayoría simple, en el afán de colocar a su voluntad a los otros Poderes del Estado.
Si tales iniciativas no han prosperado hasta ahora no es porque Alemán no haya querido, sino porque no ha podido, pero inevitablemente crean obstáculos a la recién iniciada administración del ingeniero Bolaños.
Tal comportamiento del doctor Arnoldo Alemán no es casual. Sabe, como político de viejo cuño y más viejas mañas, que la mejor forma de defenderse es atacando y hostigando la precaria inestabilidad y así cobijarse con un manto de impunidad.
Y es bueno tener en cuenta esto ahora que Alemán pretende tomar distancia de la corrupción que practicó, promovió y protegió durante su gestión de cinco años como Titular del Ejecutivo y antes al frente de la Alcaldía de Managua.
Las conquistas democráticas de los últimos años y los avances en la consolidación de una mínima institucionalidad sufrieron un considerable retroceso como efecto de los acuerdos entre las cúpulas del FSLN y el PLC. La presencia y la gestión de Alemán en el Poder Legislativo y sus claras intenciones de secuestrar la institucionalidad y manejarla discrecionalmente para protegerse de la justicia —pasando incluso por encima de quienes le allanaron el camino a la Diputación— así lo demuestran.
Entre los nicaragüenses hay un rechazo constatado a la Presidencia de Arnoldo Alemán en el Legislativo. Por ello debe renunciar a su curul en la Asamblea Nacional. Satisfacer esta demanda es una condición para poder avanzar en el proceso democrático y propiciar condiciones favorables a la gestión del presidente Enrique Bolaños, la cual todavía enfrenta y deberá enfrentar duras pruebas. Pero al mismo tiempo debe ser el resultado de la exigencia de todos los nicaragüenses que indistintamente de nuestras posiciones políticas, aspiramos y luchamos por una sociedad democrática, en la que —por cierto— no debe caber de ninguna manera la reelección presidencial.
Renuncie, doctor Alemán, y facilite la salida a la permanente crisis que sufre el país. Tenga en cuenta que en las condiciones internacionales y de Nicaragua, no caben sus pretensiones dictatoriales. Renuncie y dé a los nicaragüenses la oportunidad de fortalecer y consolidar la democracia en paz.
Renuncie y deje gobernar al presidente Bolaños, que se propone abrir una nueva era. Ahorre al pueblo sacrificio y energía, porque si no lo hace, tarde o temprano el pueblo exigirá que lo haga.
El autor es presidente del Partido Unidad Nacional.