La agenda de seguridad en Centroamérica

Marco A. [email protected]

En la Declaración de Managua del 27 de febrero pasado, los asuntos de seguridad en Centroamérica ocupan un lugar destacado junto a los relacionados con la negociación de un tratado de libre comercio con Estados Unidos. De allí que se enfatiza en la importancia de enfrentar el terrorismo, el narcotráfico, el lavado de dinero y otras manifestaciones de la delincuencia transnacional.

La agenda de seguridad regional ha evolucionado conectada con el fin de la Guerra Fría, el avance de la globalización, la derrota electoral del FSLN en febrero 1990, el desarrollo del crimen organizado, y los ataques terroristas en Estados Unidos del pasado 11 de septiembre.

La cumbre de Montelimar (1990) destaca la desmovilización y desarme de la Resistencia, el reinicio del diálogo entre el Gobierno de El Salvador y el FMLN, y los acuerdos alcanzados en Oslo, entre la Comisión Nacional de Reconciliación de Guatemala y la URNG, e igualmente hace hincapié en la lucha contra el trafico de drogas ilícitas. Por su lado, en diciembre de 1995 se firma el Tratado Marco de Seguridad Democrática que incluye un nuevo concepto de seguridad; mientras la declaración de El Zamorano, del 19 septiembre de 2001, condena el terrorismo en todas sus formas y llama a disminuir la vulnerabilidad, fortalecer la capacidad institucional, y perfeccionar los mecanismos adecuados para prevenir, combatir y eliminar el terrorismo.

Asimismo, durante estos años se llega a acuerdos conexos con la paz en El Salvador y Guatemala, rechazo a enfrentamientos internos en la región, coordinación de acciones sobre vehículos robados, tráfico de drogas, lavado de dinero, corrupción, tráfico de personas, y se respaldan acciones en turismo, prevención de desastres naturales, etc.

En fin, lo que sobresale de 1990 a hoy es el cambio en la concepción de seguridad, pasando de una seguridad centrada en el Estado, la defensa y lo militar, que tenía como base la Guerra Fría, a una visión de seguridad que tiene el ciudadano o la ciudadana y el mejoramiento de su calidad de vida, en el centro de las preocupaciones. De la seguridad nacional se transita a la seguridad ciudadana (o de los habitantes), dándole un peso relevante a los derechos humanos frente al pasado de militarismo. Ahora bien, a partir del 11 de septiembre el terrorismo agrieta esa nueva concepción de seguridad, ya que podrían agarrar aire las ideas de seguridad nacional; además que mundializa y complejiza aún más la lucha contra el crimen, debido a los rápidos adelantos de la red mundial electrónica, transporte, servicios financieros, y armas de diversos tipos.

Dentro de ese panorama, las cuestiones de seguridad seguirán en los primeros lugares de la agenda regional las próximas décadas y más. Tanto es así, que la cumbre del 27 de febrero reafirma la necesidad de neutralizar las diversas amenazas para que Centroamérica sea una zona segura, de paz, democracia y desarrollo.

Mas para que Centroamérica sea así, la clave es mantener y profundizar la democratización de la seguridad, evitando regresar a una nueva edición de la Doctrina de Seguridad Nacional. De esa manera tendremos mayor estabilidad y seguridad ciudadana, como ingredientes fundamentales de la gobernabilidad democrática y del proceso de integración económica y social regional.

El autor es consultor en seguridad ciudadana.  

Editorial
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