La semana pasada estuvo en Nicaragua el señor David de Ferranti, Vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, acompañado de otros altos oficiales de esa institución financiera internacional, incluyendo al economista jefe para Centroamérica y el Caribe, el colombiano William Perry.
Según las informaciones, el señor de Ferranti aplaudió el documento de Estrategia Reforzada de Crecimiento Económico y Reducción de la Pobreza que elaboró la Secretaría Técnica de la Presidencia del gobierno anterior, y en un artículo publicado en las páginas de opinión de LA PRENSA el miércoles 27 de febrero, destacó que “para promover el crecimiento económico se requiere la expansión de la agricultura, además de políticas fiscales y monetarias prudentes, la participación del sector privado en las empresas de servicios públicos, el fortalecimiento del sistema financiero, la reforma del sistema de pensiones y un sistema más seguro de títulos de propiedad”.
La lista de requerimientos pudo haber sido mucho más extensa, obviamente, pero a pesar de que Ferranti menciona el tema de la propiedad, se percibe como que le asigna un grado de importancia meramente marginal, cuando en realidad tiene una importancia fundamental para que pueda desarrollarse no sólo la agricultura, sino también la agroindustria, el turismo y cualquier otra actividad económica.
Con frecuencia vemos las dificultades a las que se enfrentan algunos propietarios cuando quieren ejercer sus derechos sobre los inmuebles que les pertenecen, ya sea porque éstos han sido invadidos, porque surgen de repente otros reclamantes portando títulos supletorios, por la existencia de leyes obsoletas que restringen su uso, o simplemente por el relajo que hay en muchos registros públicos de la propiedad. El problema de la propiedad se ha vuelto tabú en Nicaragua, y existe una fuerte tendencia a ignorarlo o temor a no confrontarlo como se debe. Pero es inútil ignorarlo, porque si en realidad se quiere atraer la inversión extranjera hay que resolverlo. Los inversionistas serios no se arriesgan a comprar inmuebles cuando existen dudas sobre la legalidad de los títulos que los amparan, o cuando después de comprados pueden verse restringidos en el uso de ellos.
Muchos estudiosos de la historia económica de Occidente han encontrado una correlación sumamente fuerte entre desarrollo y propiedad. Douglass North (Premio Nobel de Economía 1993) encontró en sus investigaciones que el desarrollo de las naciones depende de la efectividad con que sus respectivas instituciones y estructuras protegen los derechos de propiedad. Más recientemente, el periodista norteamericano Tom Bethell publicó un libro titulado “El más noble triunfo”, en el que busca explicaciones sobre la riqueza de las naciones y las encuentra en la propiedad privada.
North mantiene el criterio de que en ausencia de los derechos de propiedad, son pocos los que se deciden a arriesgar recursos privados para alcanzar beneficios sociales. El economista señala que en la medida en que se garanticen los derechos de propiedad y existan leyes que faciliten la transmisión, hipoteca, venta, alquiler y compra de un mayor número de bienes y servicios, habrá progreso económico. Pero en ausencia de derechos de propiedad firmes y claros, los países se mantendrán pobres y atrasados.
En un estudio comparativo del desarrollo económico de varios países europeos, North encontró que Inglaterra aventajó a España y Francia en el siglo XVIII porque “había desarrollado un conjunto eficaz de derechos de propiedad, incorporados al derecho civil. Además de eliminar los obstáculos que se oponían a una eficaz asignación de recursos en los mercados de productos y factores, Inglaterra había comenzado a proteger la propiedad privada intelectual mediante una ley sobre patentes. El terreno estaba abonado para la revolución industrial”.
Si el Banco Mundial quiere en verdad ayudarle a Nicaragua a progresar a un ritmo acelerado, bien haría en aportar la asistencia técnica y financiera requerida para que desarrollemos —al igual que lo han hecho los países que han consolidado un verdadero estado de derecho— un conjunto eficaz de derechos de propiedad.
El señor De Ferranti mencionó el problema. Es tiempo de aplicarle la solución a fondo. De lo contrario, el financiamiento de proyectos por parte del Banco Mundial y de otras instituciones financieras, no dará los frutos que sí podría dar una vez asegurados los derechos de propiedad.