- Ministro de Hacienda y nuevo titular de la DGI visitan bodega llena de sacos con papeles llenos de polvo
María Antonia López [email protected]
Hasta dos metros de altura alcanza la aglomeración de documentos del Estado que se encuentran en franco deterioro en unas bodegas que pertenecen al Ministerio de Hacienda y Crédito Público.
La bodega ubicada en las oficinas de Contrataciones del Estado fueron visitadas por el ministro de Hacienda, Eduardo Montealegre, y el nuevo director general de Ingresos, Róger Arteaga, para conocer en el lugar las condiciones de los documentos, entre los cuales se presume haya una parte de la información vinculada al caso de los “checazos”, ocurridos en la administración del ex director de la entidad recaudadora, Byron Jerez.
Montealegre declaró que en el desorden encontrado, donde se pueden notar gran cantidad de documentos en sacos, aterrados de polvo, mezclados con estantes, escritorios y una gran cantidad de cosas, lograron detectar al menos 97 legajos de 1998, que contienen cientos de folios de los cuales la Contraloría ha pedido los comprobantes.
“Ahorita sólo estamos haciendo un inventario hoja por hoja y microfilmando para que no se pierdan, después el personal de la DGI estará buscando los cheques específicos que han pedido y entregarlos de forma oficial”, indicó.
15 PERSONAS BUSCAN RASTROS DE “CHECAZOS”
“No puedo afirmar que toda la información está aquí. No tenemos información de encontrar documentos en otros lados, solamente aquí (en la bodega)”, insistió Montealegre.
Arteaga dijo que al menos 15 personas están destinadas a la labor de encontrar los cheques, y probablemente tengan que buscar algunos reemplazos, ya que la actividad es muy agotadora. Una vez clasificada, en la DGI otra cantidad de personas identificarán los cheques.
“Yo desconocía las condiciones en las que se almacenaba la información. Vamos a continuar ordenando para que podamos mantener los diez años que exige la ley”, explicó Arteaga.
MANUAL DEL BUEN LADRÓN
El doctor Rafael Córdova Álvarez, ex investigador de la Contraloría, explica el método que muchos funcionarios usan para perder documentos:
“Primero agarran toda la documentación de contabilidad, finanzas y de distintos departamentos y la revuelven como en una licuadora. Lo de un departamento lo mezclan con otro y después se mete en saco”.
“Una vez que está en sacos los tiran en una bodega, procuran que esa bodega tenga filtraciones de agua, ya sea por el techo o porque se rompa una tubería “accidentalmente”.
El agua es maravillosa para destruir la documentación que quede restante porque la tinta se sale”.
Esta operación, asegura Córdova, se hizo en el Banades. “Se agarró la documentación, se revolvió, se metió en sacos y se fue a tirar a una bodega por donde, cuando llueve muy fuerte, pasa una corriente. Ahorita es imposible saber qué pasó ahí”.