La mejor defensa es el ataque

El pasado sábado 2 de marzo, el ex presidente Arnoldo Alemán y sus partidarios celebraron un mitin contra el Gobierno del presidente Enrique Bolaños, aunque los oradores no mencionaron a éste directamente por su nombre. “Vendrán fuertes vientos, tempestades…”, dijo, amenazante, el ex presidente Alemán, contra el Gobierno de Bolaños, de cuyos miembros —aunque tampoco mencionó a ninguno— dijo que “son peores que asesinos y ladrones”. Y según otros oradores, los ataques fueron porque Bolaños sacó a numerosos militantes del PLC de sus cargos en el Gobierno, y los reemplazó con personas ajenas al partido.

Al respecto, el diputado liberal Wilfredo Navarro dijo a los periodistas que los ataques fueron dirigidos contra los tres tipos de funcionarios que hay en el Gobierno de Bolaños: “…los que no son liberales y están tratando de perturbar las relaciones del partido y el gobierno; los ministros que no estuvieron en la campaña, que no tienen vinculación con los dirigentes liberales y no les importa despedirlos, y los oportunistas, que se aparecieron de última hora y que están usufructuando su trabajo” (LA PRENSA, domingo 3 de marzo de 2002, página 4A).

Por su parte, el vocero oficial del presidente Bolaños, Alejandro Fiallos, reaccionó con prudencia ante los virulentos ataques de Arnoldo Alemán y sus seguidores, y declaró a LA PRENSA que más bien “éste es un gobierno 100 por ciento liberal, aquí no hay ni ingratos ni traidores, somos liberales, pero liberales pensando en Nicaragua”. Y agregó Fiallos que es conveniente un acercamiento entre el partido (PLC) y el gobierno, “para limar asperezas”.

No cabe ninguna duda de que el ex presidente Alemán es una persona muy astuta, que conoce y sabe usar adecuadamente el arte de la estrategia y la táctica, particularmente la que enseña que en la política como en la guerra —la cual, según el general y estratega alemán Karl von Clausewitz (1780-1831) es la continuación de la política por otros medios—, la mejor defensa que puede haber es el ataque. De manera que Alemán y sus partidarios tratan de colocar a la defensiva al presidente Bolaños, obligarlo a “limar asperezas” —o sea a claudicar— para que vuelva a colocar en los altos cargos gubernamentales a la mayor parte de quienes formaron parte del gobierno anterior, o al menos para que no destituya a los que quedaron enquistados en las estructuras del poder; y en todo caso para que no revele al público los inverosímiles actos de corrupción que hubo en la Administración Alemán.

Es comprensible que el presidente Bolaños no quiera complicar más de lo que ya están complicadas, sus relaciones con el ex presidente Alemán. Al fin y al cabo, para Bolaños lo fundamental es poder gobernar con tranquilidad, sin enfrentamientos con el alemancismo ni con nadie. Sin embargo, para lograr eso, Bolaños tendría que someterse a Alemán, y, por lo tanto, claudicar en su prometido proyecto de gobernar con honestidad, poner fin a la corrupción, y en la medida de lo posible castigar a algunos de los principales ex funcionarios corruptos del gobierno anterior.

Pero el presidente Bolaños no debería olvidar que no sólo su tranquilidad personal y la estabilidad de su gobierno están en juego, sino también los intereses de la sociedad y el destino mismo del proceso democrático de Nicaragua. Don Enrique Bolaños es el Presidente de la República pero también el custodio de la democracia, y por lo tanto debe garantizar el fortalecimiento y la continuidad del sistema democrático, que entre otras cosas significa no permitir que Arnoldo Alemán pueda volver a gobernar.

En este sentido, lo mejor que podría hacer el presidente Enrique Bolaños es defenderse del alemancismo también mediante la estrategia del ataque, o sea, sacar del gobierno a los elementos corruptos que aún está allí y revelar toda la corrupción que hubo en la Administración Alemán, para que se sepa que quienes dicen que los del actual gobierno son “peores que los ladrones y los asesinos”, son los que saquearon al Estado por todas las formas posibles.

Es con el pueblo con quien el presidente Bolaños debe buscar acercamiento y “limar asperezas”, no con quienes pretenden amedrentarlo y obligarlo a claudicar.  

Editorial
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