- Personal médico espera abastecimiento de fármacos a finales de este mes, mientras población continúa asumiendo costos de curarse
Amalia Morales [email protected]
A finales de mes prevén recibir suficientes medicinas los hospitales y centros de salud, que resienten el desabastecimiento desde hace cuatro meses.
Mientras tanto, en los hombros de los enfermos y sus parientes recae el costo de curarse.
A Domingo Vallejos un accidente casero lo enfrentó a la crisis de medicinas el pasado sábado. Hacía una conexión eléctrica en su casa. Se cayó y se rompió una costilla. Entró por emergencia a la sala del Hospital “Roberto Calderón”. “La atención fue buena”, valora, pero los fármacos necesarios para su curación los asumió él.
Entre suero, jeringas y las ampollas recetadas para el dolor, gastaron 270 córdobas. “Eso sin meter los pasajes de taxi de ida y vuelta”, dice Xiomara Contreras, esposa de Vallejos.
Contreras anda en mano tres recetas. Antes de abandonar el hospital con su marido, ha cotizado el precio de las medicinas en las farmacias más cercanas; “49.50 córdobas cuestan las inyecciones de 30 miligramos”, le dice al marido que acaba de ser dado de alta. Vallejos escucha a la mujer y se lleva las manos al pecho. Le duele la costilla rota, pero también le preocupa su estrechez económica. Para comprar lo que le aplicaron en el hospital su esposa corrió a pedirle prestado a una hermana.
ENDEUDADOS
Endeudada está también Ángela Gallardo por la hospitalización de su papá, Pedro Gallardo, en el Hospital “Lenín Fonseca”.
A él lo accidentaron hace una semana. Su situación es tan crítica que le practicaron una cirugía en el estómago y hoy le operan la rodilla.
Ángela calcula que ella y sus hermanos han gastado 1,400 córdobas. Eso incluye los 125 córdobas de la maleta quirúrgica (guantes, vendas, esparadrapo, bránulas) para la intervención médica de hoy.
Aún no sabe cuánto les costará la sangre que necesitan para la operación. “Estamos buscando tres donantes”, dice.
LO POQUITO PARA LOS GRAVES
En los hospitales lo poco que tienen lo emplean en los más graves y los más pobres, según cuenta Miguel Martínez, médico de base de la emergencia del “Roberto Calderón”.
A todo el que llega se le pregunta si tiene capacidad de pago, y si puede costear algo se le da la receta, explica el médico.
Como Ángela Gallardo sabe que declarar incapacidad de pago significa retardar la atención para su papá, ella y sus hermanos asumieron los costos, aun con deudas. De la misma forma actuaron las cuatro hijas de Mercedes López, operada de la vesícula hace 15 días en el “Roberto Calderón”. Todas, excepto una, están desempleadas.
Con lo que el hospital tiene en emergencia se le resuelve a los 20 ó 50 casos más críticos de las 300 urgencias diarias. El resto corre por cuenta de la población.
CRISIS NUNCA VISTA
“Hacen falta desde jeringas, guías de suero y el suero mismo”, dice Miguel Martínez, médico de base de la emergencia del “Roberto Calderón”.
Pero de lo que hay en existencia no todo sirve. La enfermera de turno que acompaña a Martínez dice que las jeringas disponibles no sirven para inyecciones intramusculares porque son de aguja corta.
Pese a que este hospital recibió hace dos semanas un donativo de materiales de reposición valorado en 47,000 dólares, de parte de una empresa médica interesada en establecerse en el país, en la sala de emergencia no disponen de apósitos para heridas profundas.
“Sólo tenemos vendas pequeñas. No nos queda más que hacerle una tamuga —como decimos— en la herida”, dice el médico.
“Se trabaja con las uñas aquí, y uno se siente frustrado”, afirma este médico, quien en nueve años de cubrir emergencias no ha vivido antes una crisis de medicinas tan prolongada como la presente.