Edgard Rodríguez C. [email protected]
Aparte de admiración por su indiscutida calidad, no sé qué otra cosa sentir por Ariel Delgado, el formidable bateador leonés que se ha situado en línea directa hacia los 1,700 hits en su carrera.
He sido testigo presencial de su bravura, de su capacidad para agigantarse cuando los demás se arrugan, de su respeto hacia los fanáticos, a su equipo, y sobre todo, hacia sí mismo.
Lo hemos visto escupir fuego cuando las cosas le son adversas y asumir su responsabilidad ante sus fallas. Es decir, se le ha admirado porque su paso por el béisbol ha sido admirable.
Sin embargo, producto de las circunstancias, “Panal” ha alcanzado un récord que podría no serlo de un momento a otro, debido a la manera poco seria como hemos manejado la historia.
Hemos proclamado a Ariel, nuevo rey del hit. Y lo es. Pero todos sabemos que de un momento a otro, pueden aparecer las cifras de Ernesto López en la liga de 1973 y eso cambiará todo.
Obviamente, eso no podrá arrebatar ni una pizca en los méritos de Delgado, cuyos cañonazos son producto de su calidad, consistencia y durabilidad a través de más de dos décadas en el juego.
No obstante, su reinado tendrá una amenaza permanente con las cifras ocultas de 1973, sobre las que no hay todavía una posición clara respecto a quién las tiene y si cobra por mostrarlas.
La FENIBA advierte que hará público un comunicado a través del cual oficializará los récords. Pero eso no solucionará el problema. Lo que pasó en 1973 seguirá siendo un misterio.
Lo que nos queda por ahora, es brindar por “Panal”, pero conscientes de que celebramos un hecho que puede desvanecerse en cualquier instante y del cual el propio Ariel no tiene culpa.
Pero tampoco tiene culpa el “Tiburón Mayor”, que por manejos confusos en la Liga Esperanza y Reconstrucción, se le prive de hits que legítimamente conectó. Sólo que no sabemos cuántos.
Pero mientras el momento de la verdad llega, no nos queda más que agradecer a “Panal” por todo su empeño en demostrarnos que no importa la edad, que siempre se puede dar más.
La ventaja de “Panal” es que su bate aún echa humo, mientras el de Ernesto hace rato está en el congelador. Eso sí, lo movió con tanta precisión, que pese al tiempo, su recuerdo es consistente.
Hace nueve años, Martín Ruiz escribió en la dedicatoria de su libro “Récords Victoria”, que me obsequió, “te invito a que trabajemos en la mejor institución, devolvamos al pueblo su verdadera historia”.
En este momento, ese es un compromiso ineludible para todos.