Edgar A. Castillo (Koriko)
Es el título de un artículo que escribió hace algún tiempo don Francisco Espinosa R., uno de los valiosos periodistas que pertenecieron al Diario “La Noticia” que dirigía el recordado don Juan Ramón Avilés.
El contenido de dicho artículo es muy importante, porque en él se reflejan las pautas que señalan cómo debe ser un buen periodista, sobre todo cuando en ese escrito afirma: “Porque ser periodista, no es, ni podría serlo entrarse a ciegas a tomar partido en las luchas ideológicas, artísticas, económicas, deportivas, etc.”
Pero es mejor que a continuación demos a conocer lo que al respecto escribió don Francisco Espinosa R., quien trata de ayudar con su opinión al gremio de periodistas para que se desenvuelva mejor en sus actividades periodísticas, expresando lo siguiente:
“En el pasado como en el presente —con pocas excepciones— los periodistas de aquí o de allá, de éste o de aquel país, sugestionados por las políticas extremistas, viejas o nuevas, poco se han interesado en realizar en el ejercicio de su noble profesión, un estudio científico-sociológico de lo que dicha profesión involucra para la Humanidad, en todos los órdenes.
Se han olvidado de autoestudiarse y de llegar a la comprensión de que el periodista con su periodismo en marcha firme hacia el futuro en creciente posición rectora y de que, para el desenvolvimiento acertado de sus actividades necesita sentirse no sólo en capacidad de actuar, sino —esencialmente— en plena libertad para predicar la libertad.
Porque ser periodista, no es, ni podrá serlo, entrarse a ciegas a tomar partido en las luchas ideológica, artísticas, económicas, deportivas, etc., que se susciten.
Ser periodista es volcar la conciencia y el pensamiento muy por encima de toda pasión propia, de todo sectarismo y de todo interés creado.
Ser periodista, no es ni podría serlo, creer en determinadas horas que se marcha por el sendero de la bondad, sólo porque ya uno se encuentra encasillado en lo que se crea bien masivo, siendo que, en muchas ocasiones, la razón y la justicia no las tienen las mayorías, sino las minorías; y hasta quizá un solo hombre: como en los casos de Copérnico, de Galileo y Dreyfus.
Ser periodista, además, es mantener vigorosamente la altura mental requerida, en pro de la Verdad y nada más que de la Verdad, para no caer en la antinomia de un descenso hacia lo falso, por equivocación o por sugestión externa.
Ser periodista ayer, hoy y siempre, requiere de mucho estudio y de mucha vocación natural, que no de engreimientos de clan o de enfilamientos innecesarios: esto, sin embargo, sin dejar nunca de ser un buen camarada y sin dejar de ser un amplio reconocedor de los méritos ajenos.
Ser periodista, en fin, es comprender que se ha escogido una profesión de una enorme responsabilidad y repercusión humanística, por el sencillo motivo de que el periodista se debe no sólo a su Patria, no sólo a su isla, a su región o a su continente, sino que también a los pueblos todos de la Tierra a su región o a su continente.
El autor es periodista.