Edgard Rodríguez C. [email protected]
Ahora sale Rigoberto Garibaldi para aclarar que no fue él quien golpeó a Ricardo Mayorga. Que fue Henry Porras. Pero ese no es el punto.
Garibaldi tiene todo su derecho a reclamar que se diga la verdad… Lo que no es comprensible es la actitud de Mayorga, quien conspirando contra sí mismo y en el momento menos apropiado, ha alterado su adiestramiento mientras cruza disparos contra sus aliados.
Hace dos días, el amigo René Pineda fue informado de un duelo a golpes entre el boxeador nica y el adiestrador canalero. Ahora parece que hay una inexactitud en el detalle proporcionado, pero lo que no está en cuestión es que, efectivamente, Mayorga está enredado.
Contra quién fue la batalla, es secundario. Lo grave es cómo un boxeador que intenta ser alguien y que sedujo a buena parte de la afición con su explosivo aunque breve desempeño ante Andrew Lewis, parece haberse enfermado anticipadamente.
Su primera actuación desatinada fue haber abandonado su campo de entrenamiento y haberse venido al país, mientras Garibaldi se quedaba en Miami esperándolo. Se dijo que venía a celebrar el Día de los Enamorados. Luego el propio Mayorga aclaró que venía a un negocio.
Ambas excusas son inconsistentes. Si en efecto, ama a su novia, debe asegurar bien su futuro, que es de paso el de su potencial familia. ¿Un negocio?… Pero si su negocio es boxear. Para Ricardo no hay otra vía más expedita para hacer dinero que a través de los guantes.
Luego de sus presentaciones, es fácil concluir que Mayorga es un púgil huracanado y con tendencia a desdibujarse. Su fundamento está en una potente derecha que ha hecho sentir en sus presentaciones. Pero requiere de excelentes condiciones físicas.
Y lo más grave, es que difícilmente conseguirá esas buenas condiciones si mete tantos conflictos a su cabeza. En estos momentos, Ricardo debería estar plenamente concentrado en su pelea del 30 de marzo próximo.
Tiene dificultades con su apoderado, el tico Efraín Vega. Se asegura que está coqueteando con los Maldonado y que Héctor Pérez es su nuevo entrenador. Por ahora no sabemos si esos cambios serán saludables. Lo que quizá no sea adecuado es el momento en que se están dando.