León Núñ[email protected]
El pasado sábado 16 de febrero, en una reunión celebrada en Chontales, en mi casa de habitación, los analistas políticos de Acoyapa decidieron poner fin a sus actividades de análisis políticos. En primer lugar, porque consideraron que la gente de Acoyapa está aburrida, cansada de los políticos y de los análisis políticos, y en segundo lugar, porque la figura del analista político ha proliferado tanto en Nicaragua que ya han comenzado a sentir vergüenza de ser “analistas políticos”. Precisamente esta proliferación explica el origen de la presunción “iuris tantum” de que todos los nicaragüenses son analistas políticos mientras no se demuestre lo contrario.
Hace algunos meses mis coterráneos tuvieron el propósito de fundar en Acoyapa la primera Universidad de Análisis Político —iba a ser conocida como la UAP— pero al descubrir la presunción mencionada desistieron de su propósito. Máxime que los estudios de factibilidad realizados demostraron que la proyectada universidad iba a ser un fracaso porque en Nicaragua, en materia de análisis político, no hay alumnos, sólo catedráticos, y porque es tan grande la inflación de los análisis políticos que circulan en este país que ya empiezan a repetirse, a “resellarse”, los mismos análisis.
Incluso se pensó en la posibilidad de celebrar en Acoyapa el Primer Congreso Nacional de Analistas Políticos, con el objetivo de estudiar la manera de cómo analizar políticamente con más frecuencia y con mayor profundidad, todos los análisis políticos realizados hasta la fecha. Es decir, estudiar la manera de cómo hacer los análisis de los análisis. Sin embargo, todo esto no fue posible porque los analistas políticos de Acoyapa, después del estudio de factibilidad, emprendieron la “retirada”.
Fue evidentemente el estudio de factibilidad el que hizo pensar a mis paisanos que Nicaragua está siendo afectada por una plaga de analistas políticos, llegando a la conclusión de que esta plaga constituye un grave problema nacional, pues la población vive abrumada por el ruido ensordecedor de multitudes de analistas políticos.
Si en la mañana, a mediodía o en la noche encendemos el televisor, tarde o temprano veremos a un señor que el entrevistador nos lo presenta como analista político, sin perjuicio de que su “identificación profesional” aparezca también al pie de la pantalla con el título de “analista político”. Si abrimos las páginas de los periódicos, inmediatamente “saltan” los analistas políticos. Si escuchamos las radioemisoras, escucharemos a los analistas políticos. Si vamos a la barbería, oiremos el consabido análisis político, y si vamos por la calle, entramos a una tienda, a un restaurante o a un bar, etc., siempre nos encontraremos con los inevitables analistas políticos. Es más, hasta en los lugares de trabajo, antes de empezar las labores del día, tenemos que escuchar los inevitables “previos” de los analistas políticos.
Me decía un “observador extranjero” que ciertamente en este país nuestro cerebro vive bajo el permanente ataque de devastadores bombardeos de análisis políticos, y me dijo, como para sobarme de antemano el golpe que me iba a dar, que él podía soportar los bombardeos de los análisis políticos provincianos que realizan los analistas políticos de Acoyapa, pero que lo que no podía aguantar era el “virtuosismo verbal”, el tono de infalibilidad y el “rigor científico” con que los “analistas estrellas” de Managua exponían sus análisis políticos.
Yo creo que el citado observador, con la suficiencia del intelectual ateniense de la época de Pericles, calificó de “provincianos”, así, a secas, a los analistas políticos de Acoyapa, sin percatarse que bien podría tratarse de “provincianos universales”, pues la universalidad puede trascender más allá de cualquier población, por grande o pequeña que sea.
Por esta razón, tuve que recordarle que no fue en Atenas en donde Pitágoras fundó la Aritmética y Tales la Geometría; que no fue en Atenas en donde Anaximandro levantó el primer mapa de las constelaciones; que no fue en Atenas en donde Empédocles presintió la evolución de las especies, ni que fue en Atenas en donde Demócrito tuvo la intuición de la estructura atómica de la materia.
La realidad es que si comparásemos la Acoyapa actual con Samos, Mileto, Abdera y Agrigento de hace mucho más de dos mil años nos daríamos cuenta que Acoyapa podría ser la metrópoli de esos pueblos, aunque sin la universalidad con que éstos se proyectaron a la largo y a lo ancho de la historia.
Para mí es lamentable que los analistas políticos de Acoyapa hayan abandonado sus labores de análisis políticos. Durante muchos años yo fui su portavoz. Yo fui el que llevé a mis lectores lo que Guillermo Rothschuh Tablada llamaría la “visión acoyapina” de nuestra realidad nacional.
Sin embargo, el vacío que vaya a dejar “el adiós de los analistas políticos de Acoyapa” lo voy a tratar de llenar siempre desde la página de Opinión de LA PRENSA, no con los instrumentos de análisis que proporciona la ciencia política —yo no soy ni analista ni cientista político— sino con las herramientas del sentido común, al que de vez en cuando intentaré alimentar con un poco de imaginación.
Abogado y escritor, miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.