En letra pequeña

Fabián [email protected]

CÓLERAS

Viendo a doña Dorotea caminar tranquilamente por las calles de Nicaragua me preguntó: ¿Qué sentirá don José Marenco? Marenco, por si no se acuerdan, es aquel ministro de Gobernación que asumió la expulsión de la anciana como un asunto de Estado, sólo porque el doctor Alemán se lo encargó. El hizo de todo para echarla, y sólo faltó que lo viéramos buscándola personalmente por esos caminos de Dios cuando la declaraba “perseguida de la justicia”. Esas cóleras son malas para el corazón. Don José… Don Arnoldo… no lo tomen tan apecho.

¿YA ES HORA?

Una lectora me envió este comentario que quiero compartir con ustedes: “¿Quería preguntarte si es hora de que me sienta decepcionada de este nuevo gobierno? ¡¿O espero más?! Es frustrante que don Enrique no esté actuando con más firmeza en los casos de corrupción, como es inaudito que todos los papeles de la DGI los hayan trasladado en sacos sin rotular para ser entregados. En qué país estamos por Dios, donde un Programa Mundial de Alimentos sirve para que una empresa estatal se autorrobe. ¡Qué horror de corrupción!”

PMA EN ENTREDICHO

A propósito del PMA, en realidad resulta difícil creer que una organización de Naciones Unidas esté involucrada en un delito como el de los telepuertos. Eso se descarta. Pero, sí resulta extraño que el PMA no haya cogido la suficiente distancia del hecho para no dejar que se ensucie su nombre. Que no venga a decir que van a esperar que Cancillería o el juicio demuestre algo para actuar, cuando sabemos que instituciones como estas son muy quisquillosas y por sucesos menores han hecho correcciones más grandes. Eso de esperar que los jueces se pronuncien le luce a Byron Jerez, al doctor Alemán. Recordemos que lo legal no siempre es sinónimo de justicia y ética.

HEREJÍA

Sé que a muchos les sonará a herejía, pero definitivamente Nicaragua no estaba preparada para el Código de la Niñez que se le aprobó. Es bueno, es bonito, pero nos queda muy grande. Que yo sepa no se han abierto los centros previsionales que se prometieron, ni los niños delincuentes se someten a proceso de reeducación alguno. No. Al contrario, pandillas de niños y adolescentes asolan los barrios en nombre del Código provocando un sentimiento de indefensión en la ciudadanía y despertando las sospechas de que esta ley más que evitar los delitos los ha alentado.

VENTAJAS DELICTIVAS

Ya he oído por ahí defensas como esta: “Construyamos los programas y la infraestructura que en el Código de la Niñez se dispone y vamos a ver que funciona”. Es posible, pero el hecho es que esos “previos” no están, no existen, pero si la ley que permite que un niño tenga muchas más ventajas para cometer un delito que las que tiene un adulto. Y eso es un crimen contra quienes se pensó proteger. ¿Hay que abolirlo? No. ¿Hay que reformarlo? Sí. Adaptarlo.  

Editorial
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