David de Ferranti
Esta semana tengo el placer de visitar Nicaragua y reunirme por primera vez con el presidente Enrique Bolaños y miembros de su gabinete, desde que asumió el poder el pasado mes.
En su discurso inaugural, el presidente Bolaños manifestó su compromiso con modernizar las instituciones nicaragüenses, incluido el sistema judicial y la Contraloría. También anunció sus prioridades legislativas, lo que incluye leyes para la administración pública, autonomía de las escuelas, salud, mercados de capitales, títulos de propiedad y tierras indígenas. Se trata de importantes iniciativas que cubren áreas en las cuales el Banco Mundial está involucrado activamente en todo el mundo proporcionando ayuda técnica y financiera.
La idea anunciada por el nuevo Presidente de transformar el Consejo Nacional de Planificación Económica y Social (Conpes) en un centro de diálogo permanente entre el gobierno, los trabajadores, el sector privado y la sociedad civil, constituye un ejemplo de mayor participación en las políticas públicas. Es un modo de institucionalizar el proceso iniciado por Nicaragua para diseñar su Documento de Estrategia de Reducción de la Pobreza (PRSP en sus siglas en inglés). Dicha estrategia fue preparada por el Gobierno de Nicaragua en consulta con la sociedad civil e incluyó a municipios, universidades, organizaciones no gubernamentales y grupos que representaban a los pobres de las áreas rurales y urbanas de todo el país.
La estrategia proporciona la base para una reducción de US$4.5 mil millones en el pago de la deuda externa de Nicaragua, en el marco de la iniciativa para países pobres altamente endeudados. Esta iniciativa fue ratificada en 2000 por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y con ella se busca ayudar a Nicaragua a lograr las Metas de Desarrollo para el Milenio acordadas por las personalidades mundiales el año 2000. Las metas incluyen reducir la pobreza extrema (personas que viven con menos de US$1 diario) a la mitad para el año 2015, además de disminuir la desnutrición infantil, aumentar la cobertura de los servicios sanitarios y reducir el analfabetismo.
El Documento de Estrategia de Reducción de la Pobreza de Nicaragua se basa en cuatro aspectos primordiales, a saber: un crecimiento económico de amplia base, inversión en capital humano, mejor protección de los grupos vulnerables y el fortalecimiento de la gestión de gobierno y las instituciones.
Para promover el crecimiento económico se requiere la expansión de la agricultura, además de políticas fiscales y monetarias prudentes, la participación del sector privado en las empresas de servicios públicos, el fortalecimiento del sistema financiero, la reforma del sistema de pensiones y un sistema más seguro de títulos de propiedad. En las áreas rurales, donde el 70% de las personas son pobres, la estrategia se propone mejorar los caminos, los servicios de agua y las viviendas, además de programas para mejorar el acceso de los pobres a técnicas agronómicas.
En materia de capital humano, se requieren mejoras a la educación y los servicios de salud y nutrición, especialmente en el campo, mientras que para mejorar la protección de los grupos vulnerables se busca garantizar que los hogares pobres encabezados por mujeres, los niños y los discapacitados, entre otros, tengan acceso a estos servicios. Por último, el fortalecimiento de la gestión de gobierno incluye aumentar el acceso a la información de las instituciones gubernamentales, hacer llegar prácticas de adquisición modernas a todo el sector público, promulgar leyes para establecer un servicio civil de carrera en la administración pública e implementar una serie de reformas judiciales y reguladoras.
Es un programa que presenta grandes desafíos y que cubre proyectos y programas por un valor total de US$1.1 mil millones en gasto de capital desde ahora hasta el año 2005, o bien alrededor de US$230 millones por año. Sin embargo, el Banco Mundial y el FMI, que revisaron conjuntamente el PRSP el año pasado, consideran que se trata de un programa convincente que proporciona un marco adecuado para los esfuerzos de Nicaragua de reducir la pobreza de manera sostenible y una base sana para la asistencia en condiciones concesionarias de parte de ambas instituciones.
Se trata de un programa especialmente exigente dado el actual clima económico.
El crecimiento económico ha disminuido su ritmo desde el año 2000, en gran medida debido a la caída de los precios internacionales del café, además de la desaceleración de la economía en Estados Unidos. Esta disminución ha impuesto presión en las finanzas públicas de Nicaragua a tiempo que trabaja para cumplir con los compromisos de su programa de reducción de la pobreza.
El Banco Mundial está decidido a ayudar a Nicaragua en el cumplimiento de su estrategia de reducción de la pobreza. En este momento, estamos apoyando 16 proyectos por un valor total de US$452 millones en este país, los que incluyen ayuda para la educación básica (incluido materiales y capacitación de maestros), asistencia en técnicas agronómicas, construcción de caminos, mejoras al sistema de pensiones y silvicultura sostenible, entre otros. También estamos analizando proyectos de electrificación rural, micro-finanzas rurales y administración de las tierras. Con estos desafíos por delante, esperamos que la colaboración entre Nicaragua y el Banco Mundial continúe y sea de largo alcance.
El autor es Vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.