“El líder debe servirle a la gente”

De estatura pequeña y personalidad un tanto tímida, ésa es la primera impresión que causa Alfredo Ráudez, gerente general de la compañía Panamco de Nicaragua, fabricante de productos Coca Cola. Desde hace siete años combina la actividad empresarial con los menesteres de una agrupación cristiana que es el motivo de una desición trascendental que confiesa […]

  • De estatura pequeña y personalidad un tanto tímida, ésa es la primera impresión que causa Alfredo Ráudez, gerente general de la compañía Panamco de Nicaragua, fabricante de productos Coca Cola. Desde hace siete años combina la actividad empresarial con los menesteres de una agrupación cristiana que es el motivo de una desición trascendental que confiesa

Gustavo Ortega Campos [email protected]

Empezó su labor como “chequeador” de los productos que son cargados para la venta, eso fue en 1971, sin pensar que veinte años después sería ascendido a gerente general de la empresa que mañana deja.

Alfredo Ráudez, con 53 años es padre de tres hijos, con igual número de nietos, familia consolidada en 27 años de matrimonio.

Con el pasar del tiempo ocupó responsabilidades en las áreas de producción hasta alcanzar en 1992 el cargo de gerente general. Es egresado de Ingeniería Industrial en la Universidad Centroamericana (UCA) con un Master en Administración y Desarrollo de la Producción en el Tecnológico de Monterrey de México.

¿Cómo llegó a la empresa?

Entré en octubre de 1971, el primer puesto que ocupé fue de chequeador, llegaba a las 4:30 de la mañana y me iba a las nueve de la noche, no me quejo del horario, pues eso me ayudó a crearme una mística del trabajo. Fui una persona que fue ascendida aceleradamente, tal vez por la acción más importante que me ha llevado, que es la consistencia en lo que estoy haciendo, todo lo que se hace debe hacerse desde el inicio con excelencia para no repetirse.

Habla de un ascenso rápido, ¿cómo se hizo efectivo?

Después me trasladaron al área de producción donde ocupé varios cargos: fiscal de rotura, jefe de planificación, de producción, de ahí di un salto cualitativo a jefe de producción y después a gerente del área. En todas las etapas de mi vida yo aprendí mucho de los trabajadores. Ellos fueron quienes me enseñaron cómo tener una relación cordial y que si jugábamos el juego perfecto, verdaderamente la armonía sería constante. Eso me enseñó el concepto de líder.

¿Y cuál es ese concepto desde su óptica?

El líder no está para ser servido, sino para servirle a toda la gente, esto lo he venido promoviendo a lo largo de mi historia de trabajo bajo el concepto, no de la presión, sino mediante la comprensión, saber que van a tener a su líder adelante y no atrás, ser un ejemplo y eso no es fácil… Creo que Dios permitió que estuviera estable en esta compañía que ha sido mi único trabajo, ha sido a lo cual me he dedicado durante 31 años, pareciera que fuera bastante tiempo, ha sido intenso pero muy desafiante.

Esta empresa ha pasado varias etapas y usted ha sido testigo cercano: la confiscación, el retorno a los dueños originales y la venta a una transnacional, ¿cómo ha marcado esto el comportamiento productivo?

Antes éramos una empresa original propiedad de don Manuel Lacayo Terán, básicamente construyó la empresa con valores de lealtad, honestidad e integridad, esto me sirvió como una gran plataforma, con sus consejos llegué largo, debo agradecerle mis estudios superiores logrados con una beca que él me dio.

Trasladarse de una empresa familiar, por condiciones internas que todos conocemos, a una empresa confiscada en 1983, provocó que nos desarrolláramos en un ambiente donde conseguir los medios para trabajar era difícil, no obstante todos comenzamos a definir planes y eso sirvió para mantener en pie la empresa donde el concepto de libre empresa no era utilizado.

Pero al final sobrevivieron, ¿cómo lo lograron?

Básicamente tuvimos que pensar… cuando uno está arrinconado debe pensar más aceleradamente para salir adelante, tuvimos que utilizar el método de nuestros antiguos indios: el trueque, comenzamos a hacer trueque con soda cáustica, maní y todo lo que pudiéramos venderle a Costa Rica para que en este intercambio nos enviara concentrado, este modelo funcionó como cinco años, fue exitoso en el contexto en el que estábamos desarrollándonos. Simplemente era no crecer sino sobrevivir, todos pusimos nuestro granito de arena.

Y luego vinieron tiempos mejores…

En los noventa le regresaron a sus verdaderos dueños la empresa, vino la época de la euforia, y en esa euforia se comenzaron a hacer modelos de negocios en una forma tal que el hecho de haber vivido en una etapa de escasez y empezar una nueva etapa teníamos una demanda insatisfecha, todo lo que producíamos lo vendíamos, teníamos un problema pues las máquinas ya no estaban pudiendo dar el consumo, íbamos atrás. Rápidamente se tuvieron que hacer inversiones importantes porque si no perdíamos una oportunidad y sobre todo el liderazgo que se tenía que consolidar para el futuro.

¿Cuál fue en ese momento la posición de los dueños?

Ya en ese momento estaba al frente Manuel Ignacio Lacayo Gil (hijo del fundador), comenzó a tomar las iniciativas junto a don Ramiro Cardenal y don Tomasso Graciano, ellos se dedicaron en cuerpo y alma a enfocar el nuevo liderazgo, que involucra la madurez del sindicato de los trabajadores.

Eso es raro viniendo de una etapa de revolución de izquierda…

Pues sí, y sí nos pudimos entender, estamos muy contentos con ese comportamiento, algunos pueden pensar que es un sindicato blanco, y están equivocados, es un sindicato que tiene sus diferencias con la administración, pero hemos logrado la unidad, estabilidad laboral, inversiones apropiadas, esas cosas han procurado el éxito.

Luego viene Panamco, ahí viene otro reto…

En 1997 viene Panamco con una forma completamente distinta de operar que la de una empresa familiar, o sea las reglas del juego cambiaron porque Panamco no es una compañía que está al azar, pues es la segunda más importante después de Coca Cola de Estados Unidos. Panamco está en siete países de América Latina, una empresa líder de un país tiene que buscar ser líder ante el resto de países, ese fue el reto, sentir que íbamos para un equipo de grandes ligas.

Pero arrancaron con buen suceso…

Es grandioso ver que después de que vino Panamco, con toda esa gran inversión que lógicamente no estábamos acostumbrados, observamos crecimientos de dos dígitos, hicimos planes para asimilar esto. En el 98 crecimos 23 por ciento, en los negocios normales se crece entre ocho y 10 por ciento cuando están bien trabajados, eso nos sacó del contexto…

¿Cuánto ha invertido Panamco para lograr esto?

Del 97 al 2000 tenemos aproximadamente inversiones de 57 millones, distribuidos en envases, camiones, infraestructura y equipos, creo que la gente nos fue teniendo confianza pese a las cosas malas que se escuchan afuera.

Ha pasado casi toda su vida acá, ¿cuáles son sus planes futuros?

Después de siete años, el Señor me incrustó en una comunidad que se llama Ciudad de Dios, esta comunidad me enseñó y prácticamente trastocó toda mi forma de pensar, lo que hice no fue malo, pero en realidad no iba a mi trascendencia. Hoy en día tomé la decisión de retirarme de la empresa, decisión que ha sido compartida con mi familia, con mi comunidad y con el Señor.

¿Y de qué va a vivir?

Tengo una decisión firme de que voy a servirle al Señor el tiempo que es de Él, yo no tengo otra cosa más importante que Él, me ha costado entenderlo pero ya lo logré y voy a seguir mi camino. El Señor me ha dado dones especiales para que pueda ocuparlos para que conozcan a Cristo.

Trataremos de fortalecer al Ministerio Surco que trae a Salvador Gómez, para llevar la buena nueva entre las personas humildes, ahí es donde uno se da cuenta de las maravillas que hace el Señor.

Disculpe mi insistencia, ¿pero cómo sobrevivirán económicamente usted y su familia?

Dios proveerá. Y alguien puede decir, cómo ya me lo han dicho: estás loco, está dejando un mundo económico, pero no comprenden que esto es una cosa adicional de la vida. Tampoco crea que no saldré sin un recurso, no, saldré con recursos, mi familia no va a adolecer de nada, tenemos medios.

El señor me ha regalado tres compañías en poco tiempo, y esta decisión yo ya la platiqué con Él, con el Señor. Doy Gracias a Dios por tener los medios económicos para sufragar mis gastos, pero le repito: Dios proveerá, de eso estoy convencido, no lo digo del diente al labio, lo digo con fe.

Orgulloso del “Pemberton”

Alfredo Ráudez, no escondió su orgullo al mencionar la adquisición del premio Pemberton que otorga Coca Cola Company a las filiales más eficientes y con mejores niveles de calidad, premio que adquirió Panamco Nicaragua en el año 2000 y lo repitió en el 2001.

La presea la logró Nicaragua con calificaciones superiores a las del resto de Centroamérica y el Caribe.

“En marzo celebraremos el segundo triunfo porque los trabajadores han logrado llegar a una cima y escalar otra, ese es el concepto de una empresa que crece ante las adversidades”, anotó.

Las calificaciones para lograr el premio es de alta excelencia, “el mérito de Nicaragua es lograrlo por segundo año consecutivo, porque quizás uno podría sonar a casualidad, pero una segunda vez ya es prueba de constancia y puedo aseverar que los trabajadores están tan motivados para conseguir el tercer Pemberton en el año 2002”.

Según sus estadísticas, desde 1990 ocupan el liderazgo del mercado, “de cada cuatro personas, tres consumen nuestros productos”, aseguró.  

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