- Campesinos de la cuenca del Río Kukalaya huyeron de sus comarcas y ahora son atacados por el hambre
Heberto Jarquín M.CORRESPONSAL/TRIÁNGULO [email protected]
Más de 40 familias integradas por unas 300 personas, entre las que se cuenta mujeres, niños y ancianos, abandonaron a inicios del año la comarca de Unawás, ubicada en la cuenca del Río Kukalaya, por temor a caer en un fuego cruzado entre las tropas del Ejército y la Policía y los remanentes del FUAC que operan en la zona.
Hoy estos desplazados deambulan por las calles de Rosita y Bonanza o pernoctan debajo de los puentes de la carretera Rosita-Puerto Cabezas, sin que nadie les tienda una mano.
Leocadio Dávila, presidente de la directiva de la comunidad de Unawás, se quejó por la indiferencia del gobierno. “Nosotros perdimos todo. El huracán Michelle arrasó con las cosechas y después tuvimos que huir de nuestras fincas, por temor a la situación bélica, sin más equipaje que la ropa que llevábamos puesta”, comentó.
DESESPERADOS
El dirigente campesino sostiene que “la gente de Unawás ya no aguanta el hambre. Los adultos soportamos el sol y la lluvia, pero los niños y los ancianos pueden morir de frío o insolación”.
Clemente González, uno de los desplazados de Unawás, dijo a LA PRENSA que para sobrevivir trabaja limpiando patios y cauces. “Pagan poco y no se consigue chamba todos los días. La situación es desesperante”.
Danilo Salgado, vecino de la comarca El Camarón (vecina de Uniwás), manifestó que si no se resuelve en el corto plazo el problema de los grupos armados y las operaciones militares, otras familias campesinas se verán obligadas a salir de sus comunidades.
AÑORAN RETORNO
El presidente de la comunidad de Unawás, Leocadio Dávila, sostiene que “queremos regresar a nuestras casas. En el campo es donde podemos encontrar el sustento para nuestras familias, pero en las actuales circunstancias lo que pende sobre cada uno de nosotros son las amenazas de muerte de los armados porque no seguimos alimentándolos, pero también tenemos que lidiar con la desconfianza de las autoridades”, expresó.
CLAMAN AYUDA
La licenciada Paula Rugama, coordinadora del Centro de Derechos Humanos, Ciudadanos y Autonómicos de la Costa Atlántica (Cedehca), en el municipio de Rosita, hizo un llamado a las instituciones del gobierno, alcaldías y a la sociedad en general para que les brinde algún tipo de ayuda a los desplazados de Unawás.
“No debemos cruzarnos de brazos. Nuestros hermanos campesinos esperan un poco de solidaridad, sobre todo los niños. Ellos son los que más sufren cuando se producen éxodos. Ellos son auténticos refugiados y hay que darles la asistencia que merecen”, concluyó.