El poeta César Augusto O´Connor, Don Constantino Angulo, José Ángel valle y Doña Rosa María Jarquín de Martínez.

Gente buena que encontramos al “hacer el ocho” en Ometepe

Los abuelos cuentan viejas historias de brujos, duendes y encantos, para ellos el tiempo pasado fue más próspero, pacífico y feliz. Pero las actuales generaciones no entienden ese lenguaje y mantienen otra percepción de las cosas, ahora sueñan con salir de la isla a estudiar, trabajar y conquistar una forma diferente de vida Mario Fulvio […]

  • Los abuelos cuentan viejas historias de brujos, duendes y encantos, para ellos el tiempo pasado fue más próspero, pacífico y feliz. Pero las actuales generaciones no entienden ese lenguaje y mantienen otra percepción de las cosas, ahora sueñan con salir de la isla a estudiar, trabajar y conquistar una forma diferente de vida

Mario Fulvio Espinosa [email protected]

“Hacer el Ocho” en Ometepe es recorrer toda la isla por el camino costanero que va bordeando las faldas de los dos volcanes que conforman esa ínsula, el Concepción y el Maderas. Por cierto es una verdadera odisea debido a que una parte del trayecto se hace a través de malos caminos de tierra respirando nubes de polvo, y la otra sobre rocas sueltas, soportando los violentos saltos del vehículo que como potro cerrero magulla las carnes y costillas de los viajeros.

Sin embargo, ese sacrificio es compensado con creces ante la belleza indescriptible de los paisajes que van deleitando nuestros ojos, y más por la cordialidad sencilla de los lugareños que con su hospitalidad y su don de gentes contribuyen a hacer más grata la “bendita” travesía.

Obligados como estamos a escudriñar y revelar los valores espirituales de “nuestra gente”, fue este segundo aspecto —el humano— el que quisimos escalar, siguiendo el procedimiento que usan los que saben conquistar montañas, es decir, estableciendo un campamento base que en este caso fue el bucólico pueblo de Altagracia.

LOS RECUERDOS DE DON TINO ANGULO

Recorriendo lo poco que hay que recorrer de ese pueblo, nuestra primera comunicación directa fue con don Constantino Angulo Arias, de 95 años, un hijo de Ometepe de características híbridas, pues su madre fue granadina y su padre rivense. “La gente que vive aquí es nueva —nos dijo—, aquí hubo una peste horrorosa llamada “alfombrilla” que eliminó a la mayor parte de la población. Dicen que los enterradores salían a sepultar a los muertos, y cuando volvían del cementerio de inmediato tenían que regresar, pues en lo que tardaban en ir y venir otros vivos pasaban a convertirse en difuntos”.

Tuvo frases de elogio, don “Tino”, para el cura del lugar, el padre Antonio, un diriomeño que ha remozado la iglesia “y cuyas prédicas son inmejorables”. Yo conocí la iglesia vieja que derribó el padre Pablo Lupet para construir otra, que fue terminada por el cura Félix de Areite.

“Otra tragedia que castigó a la isla fue la erupción del Concepción que obligó a evacuar la población. Toda la gente se fue, algunas dejaron abandonados sus chanchitos, sus chagüites y ranchitos. Otra plaga que vi fue la del zompopo, animal que dejó en varillas los cultivos y los árboles sin hojas. Los altagracianos ofrecieron bailarle a San Diego y así terminó la plaga, por eso en noviembre de cada año el santo es traído con tambores para visitar los hogares que así lo piden, y desde entonces el Baile de San Diego quedó como algo muy autóctono y folclórico de Altagracia, aunque otros, por ejemplo los de San Jorge, han querido imitarlo y apropiarse de él, pero más bien los han desmoralizado al bailarlo casi desnudos en la playa”.

Sobre unos ídolos que se pueden ver en el atrio del templo, don “Tino” señaló que eran más en cantidad, pero como el padre Félix, de la orden jesuita, regaló todo el enladrillado de la iglesia “en gratitud le regalamos todos los ídolos que fueron a parar al Colegio Centroamérica de Granada”.

DON CESAR, EL POETA CALLEJERO

En el parque, frente a la iglesia, encontramos al poeta del pueblo, don César Augusto O´Connor Saballos. Confiesa que nació “exactamente el 26 de julio de 1928, un día miércoles a las siete de la noche”.

“Antes la vida en esta isla era monótona. No había camiones, no había nada con qué sacar los productos de las fincas al puerto, sólo carretas de bueyes. Los barcos veleros, pequeños, duraban dos o tres días para llegar a Granada. Los cipotes solamente sabían jugar al trompo, a los chonetes, y también con chibolas y macacos. La educación era obligatoria y los soldados cuidaban de que los niños acudieran a clase.

“Había una escuela de renombre de un señor llamado Crescencio Lorío, de ahí salieron muchos estudiantes que dieron renombre a la isla, como los doctores Fernando y Gonzalo Ocón Vela y Ramiro Cruz Urbina. Las clases comenzaban de las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde, uno llevaba una pizarra para escribir y el libro para leer “Mantilla”, ya en cuarto grado usábamos “El Lector Americano”.

“Todos, o la gran mayoría de los habitantes de Altagracia, eran jornaleros, limpiaban los cafetales, platanales y potreros. Yo siento que era mejor antes, porque se ganaba más dinero, pero ahora hay mucha corrupción, no ha habido progreso y los caminos son malísimos. No hay trabajo y aquí, como me ve, no he comido un bocado”.

Contó a continuación, don César, sus penurias, expresando ser un hombre inválido a consecuencia de varias enfermedades, “no sé cómo quitarme el vicio de seguir viviendo”, afirmó tajante.

Como poeta comenzó a escribir poemas románticos, después pasó a los “de veta mística”, y por último se estacionó en los rumbos filosóficos. Nos declamó su interminable poema titulado “Larga Jornada en la nada”, que comienza así: “Sentado estaba una tarde con un receptor entre mis manos/ escuchando la Orquesta Sinfónica de Alemania/ cerré mis ojos para concentrarme en tan valiosa música/ y acto continuo sentí un profundo rendimiento/ y que mi cuerpo caminaba una larga jornada / pero al detenerme a contemplar mis pasos, vi que pisaba sobre la nada”.

CON LA BANDA DE «LOS PICHES»

Dejamos al poeta porque nos llamaron la atención los toques de trompeta que escuchamos en una casita contigua al Museo de la ciudad, era la Filarmónica de “Los Piches” que practicaban las marchas solemnes de Semana Santa.

“El altagraciano es muy ingenioso, y nos conocen más por el apodo que por el nombre. Si usted pregunta por Juan Rafael Cruz, nadie me conoce, pero si usted dice: ‘Vamos donde Rafael Piche’, cualquiera le da razón”, nos dijo el director del conjunto, integrado, además, por el otro “Piche”, Erick Antonio Cruz, y los “filarmónicos” Martín Danilo Chávez, Byron Javier Montiel, Efrén González, Moisés Castillo, Agustín y Salvador Cruz, y Julio Guillén.

Nos complacieron “Los Piches” con una Marcha Dolorosa de Vega Matus, y casi entre los acordes sonoros del ambiente seguimos de frente para cumplir la “Vuelta al Maderas”. En el trayecto nos encontramos con otro personaje raro como don José Ángel Valle Paisano, que por estar triturando maíz en su mortero respondió con monosílabos a nuestras preguntas.

En Tichana, caserío costero ubicado al norte del Maderas, platicamos con la ancianita Rosa María Jarquín de Martínez, que aún llora la muerte de “su viejito”, don Gonzalo, fallecido el año antepasado, y con el que tuvo la bicoca de 18 hijos. “Nací aquí y nunca he abandonado Tichana, pero ya mis fuerzas me abandonan, pues estoy casi postrada por malestares del riñón”, dijo tristemente.

Seguimos adelante, y entre otros personajes conversamos con doña Anabel Jarquín, que nos enseñó una fábrica de cususa y la forma de producir ese licor. También tuvimos oportunidad de ver en el poblado de Balgue a doña Inés Hernández, quien junto con sus hijos trataba de reparar con tierra el pésimo camino.

Por la noche, frente a unos billares de Moyogalpa, encontramos a don Carlos Alberto Herrera, que se gana la vida empujando una cocina móvil para asar carne. El olor es apetitoso y la clientela buena, así como la presentación del vendedor, con gorro de cuque e inmaculado delantal.

“El plato vale diez córdobas, pero a los niños pobres se los doy en cinco o si no se los regalo”, dijo. “Ellos (los niños) a veces me ayudan recogiendo leña para el fogón.

Aseguró don Carlos Alberto que él es el único nadador que se cruza el lago, desde Moyogalpa a San Jorge en ocho horas, y para demostrarnos su formidable estado físico realizó con éxito varias volteretas mortales sobre la calle pavimentada.

HISTORIA DE CHICO LARGO

El profesor Manuel Hamilton Silva Monge, poeta e historiador ometepino, cuenta así la historia de Charco Verde y Chico Largo

La laguna de Charco Verde es ovalada, tiene 300 metros de oeste a este y 200 de norte a sur, está rodeada de árboles de guabo y posee una fauna maravillosa.

Chico Rodríguez, o Chico Largo, era un descendiente de los brujos de Rivas, que huyendo de los conquistadores españoles se fue a Ometepe

Se decía que debajo de la laguna había una ciudad cuyos habitantes habían sido encantados por Chico Largo en castigo por robar frutas y objetos

También estaban ahí, convertidos en vacas y toros, los que no cumplían sus pactos con Chico Largo.

Existen otros detalles adicionales sobre la historia de Chico Largo que el profesor Silva aclarará a los que visiten Altagracia, allá en Ometepe.

ISLA DEL ENSUEÑO

La imagen de Ometepe queda asociada a la imponente mole del Concepción, un cono perfecto surcado de cárcavas y coronado casi de manera permanente por un penacho de nubes, y también por la verde y feraz vegetación que adorna por doquier al Maderas.  

Departamentales

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí