Con motivo de conmemorarse ayer el sexagésimo octavo aniversario del asesinato de Sandino, dijimos en esta misma columna editorial que lo peor que le ocurrió al “más grande héroe nacional de los tiempos modernos” —como apropiadamente lo calificara el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal—, fue que el FSLN tomó el poder en su nombre para cometer toda clase de tropelías contra los muchos nicaragüenses que se oponían, con toda razón y derecho, al establecimiento y la consolidación de una dictadura totalitaria y pro imperialista soviética, y por lo tanto, esencialmente antisandinista aunque la llamaran sandinista.
En realidad, la imposición de la dictadura del FSLN con la denominación de sandinista y supuestamente para realizar los ideales de Sandino, dividió irreconciliablemente al pueblo nicaragüense e hizo que muchas personas que se oponían justa y necesariamente al totalitarismo marxista, repudiaran también de manera injusta a Sandino, quien ninguna culpa tuvo de las barbaridades que se cometieron en su nombre.
Precisamente por eso fue que recordamos ayer la profética advertencia del Dr. Pedro Joaquín Chamorro, sobre el peligro de que el FSLN, con el pretexto de combatir contra el imperialismo yanqui “entregara nuestro suelo a Rusia, como ha entregado Castro a Cuba”. Y así también recordamos el llamado del Dr. Chamorro a no perder de vista que “Sandino fue grande porque luchaba dentro de una línea idealista indo-hispana”, porque “fue un producto puro de nuestra tierra y como tal debemos levantar su figura y tener presente su recuerdo”.
Pero así como Sandino no era “sandinista” en el sentido de la ideología del FSLN, tampoco era liberal y mucho menos en cuanto al “liberalismo” que predica y practica el actual PLC, cuyos líderes son los que ahora quieren apropiarse del “General de Hombres Libres” y manipularlo para sus fines partidistas.
La verdad es que no fue por miembro del Partido Liberal —pues no lo era, en efecto— que Sandino se incorporó en octubre de 1926 a la guerra civil que desangraba a Nicaragua, al lado de los liberales y contra el ilegítimo gobierno del presidente conservador Adolfo Díaz. Más bien, Sandino se integró a aquella contienda como patriota y al frente de una pequeña fuerza armada independiente que él mismo reclutó y organizó en el mineral de San Albino, y que fuera el núcleo del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional que libró victoriosamente la guerra nacional antiimperialista de 1927 a 1933; el cual, según estableció Sandino en un histórico documento que él mismo redactó de su puño y letra, “no es una facción del Partido Liberal sino el alma y nervio de la Patria y de la Raza”.
No obstante, el PLC quiere ahora apoderarse de Sandino como antes lo hizo el FSLN. Ayer mismo, con motivo del 68 aniversario de la fecha en que Sandino fue asesinado por orden de uno de los principales caudillos liberales en la historia de Nicaragua —el general Somoza García—, algunos líderes del PLC insistieron en su pretensión de apropiarse de Sandino. Inclusive, uno de ellos declaró ante los medios de comunicación que si Sandino resucitara “mataría” a los sandinistas del FSLN, denigrando así el dirigente del PLC la memoria de Sandino, quien no era un asesino como lo han querido hacer creer siempre los políticos e historiadores liberales somocistas, de viejo y de nuevo cuño.
Sandino fue un combatiente nacionalista, patriótico, libertario y antiimperialista, no un asesino. Y la verdad es que lo que pudo haber ocurrido si Sandino hubiera podido levantarse de su desconocida tumba, era que rechazara al régimen del FSLN que mancilló sus ideales y utilizó su nombre para imponer una dictadura totalitaria y para sustituir a un imperialismo, el yanqui capitalista, con otro imperialismo, el soviético comunista; como se alzaría ahora contra la corrupción ignominiosa y los abusos de poder que la cúpula “liberal” ha cometido y sigue cometiendo en contra del pueblo nicaragüense y el decoro nacional.
Sandino no puede ser “sandinista” ni liberal porque es patrimonio nacional. Y por fortuna, su memoria se está reinstalando en el corazón de todos los nicaragüenses, donde debe ser guardada para siempre con cariño, tal como lo quería y pidió el Dr. Pedro Joaquín Chamorro.