Anakarla Cantarero Malespin*
Cuando las personas se preguntan cuál es la base ética mínima en la dirección de los negocios, pensamos en la de ser honestos. Esto no es una meta elevada ni abstracta que nos exija especular acerca de su sentido. Más bien, se trata de indicadores que nos muestran en realidad si hemos tomado en serio dedicar nuestros negocios a la práctica de la integridad total. Encuentro que aplicar este principio es un desafío constante.
En este tiempo es particularmente difícil de seguirlo, ya que con todos los que nos encontramos en el ambiente de negocios, y hasta con los que trabajamos pocas veces intentan cumplirlo. Sin embargo, el valor de la integridad total lo que nos pone como meta no es hacer lo que otros hacen con nosotros.
Vivimos en una sociedad cuyo estilo de vida y práctica comercial tácitamente aceptada por todos, es de “gratificaciones”, aún cuando éstas sean ilegales.
Si se tratara de robar y no robar, la mayoría de las personas no tendrían problemas, pero en las situaciones actuales las cosas se vuelven un tanto complejas. Esto lo podríamos ejemplificar al momento de realizar determinadas gestiones, cuando nos para un representante de la ley en la calle por habernos pasado una luz roja en el semáforo y darnos esa mordida, ese plus para conseguir favores, o la decisión final a nuestra conveniencia en algún negocio, conscientes o no, a diario nos vemos envueltos en operaciones fraudulentas.
Para los que ocupamos posiciones de autoridad, quizás no haya algo más necesario que responder ante otros por nuestros actos.
DEBEMOS SER EJEMPLO
Muy a menudo quienes están en puestos de autoridad prefieren rodearse de gente que acepte sus órdenes sin cuestionarlas. En principio, esto quizás parezca una ventaja pero a la larga va en su contra. ¿Por qué?, porque sin un sistema de controles y equilibrios, cualquiera corre el riesgo de perder la dirección (difícilmente se cuestiona al jefe).
En nuestros negocios hay principios sobre los cuales debemos trabajar: el valor de productos y de los servicios, éste dice más al público acerca del valor real de la compañía y su gente, que quizás cualquier otro aspecto de la vida de una empresa. Cuando un hombre o mujer de negocios acepta cumplir con el estándar de servicios o de productos que demande el valor de la integridad total, el resultado final debe ser “el producto de mejor calidad al menor precio posible”. Actualmente la norma pareciera ser: entregar lo menos posible por el mayor precio posible. El valor del respeto a nuestros acreedores. Muy a menudo, en nuestros ambientes de negocio, los proveedores se tratan como una fuente para operar capital sin tener que pagar interés. Una cosa es si la situación está fuera de control, pero otra muy diferente si sólo se aprovecha de una forma barata de operar porque se viola ese principio.
No se nos responsabiliza con lo que no podemos hacer, sino tan solo de lo que está a nuestro alcance. Pero si la decisión es puramente económica, es decir, si es sólo porque es más barato financiar el capital endeudándose más bien con el proveedor que con el banco, no es correcto.
La integridad es algo muy difícil de hallar en nuestra generación, sobre todo cuando se trata de dinero de otros. Un líder que quiere tener un testimonio creíble debe al menos llenar este estándar mínimo. Preguntémonos: ¿estoy dispuesto a actuar de esta forma?
*Directora General Instituto de la Excelencia de Nicaragua.