Tito Rondón [email protected]
En mi vida tuve la suerte de ver batear a Ted Williams seis veces. Nunca vi que lo hicieran out…
Claro que desde que di mis primeros pasos como fanático (bien usada la palabra) del béisbol supe de Williams. Era junto a Mickey Mantle, Willie Mays, Whitey Ford, Duke Snider, Roy Campanella y Yogi Berra una de las superestrellas de la pelota.
La primera vez que lo vi fue en marzo de 1957, en un partido de exhibición entre las Estrellas de Hollywood y los Medias Rojas de Boston, en el viejo Gilmore Field.
El lanzador local George Susce fue abucheado por darle cuatro malas seguidas a Williams en su primer turno, y envalentonado por haber sobrevivido hasta el tercer episodio se atrevió a poner un lanzamiento en zona de strike.
Rápido como el picar de una cascabel el swing de Williams prendió la bola, que se elevó y viajó, pasó encima de la barda, de los anuncios, de los arbolitos detrás de la cerca y del parqueo, y cayó en el parqueo del vecino cine al aire libre. 450 pies fácil. Todavía oigo la ovación ensordecedora, nuestra ovación ensordecedora.
Pasaron seis meses y fui con mi hermano Juan a conocer el Yankee Stadium… y vaya primera impresión, el duelo era Boston-Yanquis.
Tom Sturdivant fue líder en ese 1957 en ganados y perdidos, y esa tarde dominó a los Medias Rojas. No a Williams.
Después de una temerosa base por bolas, fue víctima de una línea espeluznante de jonrón que casi quiebra una silla del segundo piso, de un sencillo que casi tumba al right fielder Hank Bauer, y de una segunda caminata que el público ya comprendió que era inevitable.
No me extrañó que el domingo Ted Williams pasara un momento por su museo, el Museo de Bateadores Ted Williams, donde se honraba a grandes bateadores, como Dwight Evans, Roger Maris (toda su familia acudió), Enos Slaughter, Cal Ripken hijo y Don Mattingly. Jason Giambi estaba presente también.
Mattingly lo expresó mejor: “no hay nada en el mundo que te dé más orgullo que Ted Williams crea que fuiste un gran bateador”. Unas dos mil personas estaban presentes cuando llegó Ted. Le dieron una emocionada ovación.
LA PULPERÍA
¿Sabía usted que Tony Taylor, considerado en la isla como el mejor tercera base de la historia, y fuera de Cuba como el mejor segunda base, es tocayo de un gran pelotero nica? Sí, se llama Antonio Nemesio Taylor…
Me dolió el fallecimiento de Jim Spencer. No lo conocía, pero estuvo en primaria con una prima hermana mía. No hay duda, mi generación ya está “en la raya”.
También falleció el gran locutor venezolano Abelardo Raidí; Bayardo Cuadra lo recuerda en Radio Rumbos junto a Pancho Pepe Crocker y Musiú La Cavalerie, y también en la Cabalgata Deportiva Gillette. Raidí fue el que entusiasmó al gobierno venezolano para que ese país participara en las Series Mundiales Amateur.
Es curioso lo que ha hecho Omar Cisneros, nuevo manager del San Fernando, de colocar a Justo Rivas, uno de los bateadores de menos tacto en el beis mundial, de segundo bate. Pero Omar a menudo incluye razones psicológicas en su lógica.
Ahora que por los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York se pide más información a los viajeros, muchos peloteros latinos están envejeciendo aceleradamente. Por de pronto el lanzador Juan Cruz de los Cachorros y Rafael Furcal, short de los Bravos, aumentaron en dos años su edad.
Interesante la teoría de Julio Vallejos: “es más fácil robar porque nos obligan a tener a muchos pítcheres novatos, que no saben pegar a los corredores a la base. Ni con un cañón sacás a nadie”.
Los Marlins firmaron a Tim Raines padre, de 42 años. ¿Será?