Sesquicentenario de la capitalidad de Managua

Managua cumple hoy 150 años de haber sido convertida en capital de Nicaragua. Con este motivo, el gobierno municipal, que por cierto está encabezado por un alcalde que no es de Managua, hará una magra celebración que no se parece en nada a los apoteósicos festejos que hubo cuando el centenario de la capitalidad, en 1952.

Por ser la capital la ciudad más importante de cualquier país, históricamente en ella se han concentrado la mayor parte o todos los centros gubernamentales y culturales; la principal actividad productiva, comercial y financiera; la generación y administración de servicios públicos, etc. Eso determinó que, por ejemplo, ciudades como Tokio, México, Río de Janeiro, Pekín, Londres o Moscú, se convirtieran en gigantescas concentraciones urbanas, adornadas con bellísimos monumentos, extensos parques y excelentes autopistas, pero acosadas por múltiples lacras sociales y necesidades estructurales.

Aunque Managua no se puede comparar con esas grandes urbes, y a pesar de que es una ciudad bastante modesta (1.8 millones de habitantes), sin embargo “padece los problemas de las grandes ciudades: la basura, el congestionamiento vehicular y falta de seguridad ciudadana, entre otros, pero no tiene los beneficios de las grandes ciudades”, según expresó en LA PRENSA el catedrático de arquitectura, Porfirio García Romano, el pasado domingo 3 de enero.

No obstante, la verdad es que Managua ha progresado bastante en los últimos diez años, y en la actualidad es una ciudad dinámica que se esfuerza en reparar los daños que le han causado los desastres naturales y políticos: terremotos, inundaciones, guerra, revolución, imprevisiones, y la corrupción tanto a nivel de gobierno central como municipal.

Managua tiene suficientes recursos y potencial para superar sus problemas y desarrollarse, siempre y cuando sea gobernada por políticos decentes y eficientes, y que la población cobre conciencia de sus responsabilidades ciudadanas e interactúe con las autoridades municipales. Por ejemplo, a éstas les corresponde ejecutar el proyecto de saneamiento del Lago Xolotlán —que una vez recuperado sería una fuente inagotable de ingresos por turismo para Managua y en general para todo el país—, pero a su vez, la ciudadanía debe abstenerse de tirar basura a los cauces y tiene que contribuir a mantener limpia la ciudad.

Dicho sea de paso, nada o muy poco se ha informado últimamente sobre el estado en que se encuentra el proyecto de saneamiento del Xolotlán, el cual consiste en un plan maestro de alcantarillado sanitario, a cargo de Enacal; el saneamiento de las riberas del lago, bajo la responsabilidad del Minsa; y monitoreo de la calidad del agua, a cargo de Ineter. Proyecto que arrancó en junio del año pasado con un presupuesto de más de 70 millones de dólares, de los cuales 56 millones deben ser aportados por la cooperación externa (BID, 30 millones; Alemania, 21.6 millones; y Noruega, 5 millones).

Por otro lado, nos parece correcto el planteamiento crítico de urbanistas, arquitectos y ciudadanos en general, de que Managua viene siendo reconstruida sin sentido de humanidad, o sea, más identificada con las necesidades burocráticas y comerciales que con los intereses de la gente, omitiendo cosas elementales como la construcción de aceras y la instalación de semáforos peatonales, y sin preocuparse por armonizar el diseño arquitectónico con el legado de la vieja Managua y la cultura nacional.

A propósito de la arquitectura, se dice que ésta es una profesión muy noble cuando se ejerce con pasión y honestidad, y que es igualmente noble para las personas comunes y corrientes, que no dominan el arte de la arquitectura pero se conmueven ante la belleza de un buen diseño arquitectónico, y se deprimen cuando éste es de mal gusto, copiado sin ton ni son, ajeno a la tradición cultural y a la identidad de las ciudades nicaragüenses. De manera que es muy importante que las autoridades tomen más en cuenta a los arquitectos, e incorporar sus opiniones y aportes a los planes y diseños de la nueva Managua.

Finalmente, hay que recordar que la celebración del aniversario de la capitalidad de Managua no debe justificar el menosprecio a las otras ciudades y regiones de Nicaragua, que también son muy importantes y deben ser atendidas equitativamente por las autoridades de la nación.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí