Primera dama, ¿de dónde y por qué?

Luis Sánchez S.luis.sá[email protected]

El abogado nicaragüense radicado en Miami, Julio Ignacio Cardoze, comentó el tema de la columna del viernes pasado (“¿Excelentísimo qué…?”) y lo vinculó con el de las “primeras damas”. Y al respecto dio a conocer (LA PRENSA, Cartas al Director, lunes 28 de enero) que a la esposa del presidente mexicano, Vicente Fox, no le gusta que le digan primera dama, sino únicamente “la señora esposa del presidente”, pues según ella ese tratamiento es discriminatorio porque en México todas las damas son iguales.

Estoy de acuerdo con el doctor Cardoze, y por supuesto, también con la señora Marta Sahagún, esposa del presidente mexicano. A propósito, en una entrevista que la revista Hola hizo a la señora Ana Botella —esposa del Presidente del Gobierno español, José María Aznar—, se le preguntó: “¿Por qué su situación es tan distinta a la de otras mujeres de presidentes en el continente americano?” Y la señora Botella respondió: “Mi aporte es mínimo, no tengo presupuesto ni un puesto Ejecutivo. En España sólo puede manejar un presupuesto el que es elegido…”. Por cierto que a la señora Botella la llaman simplemente “la mujer del presidente”, pues los españoles no usan la palabra esposa.

Creo que aquí tampoco se debería permitir que personas no elegidas usen presupuestos públicos, para que no se confundan los recursos del Estado con los intereses personales de la esposa y otros familiares cercanos del gobernante, y para prevenir situaciones turbias y engorrosas como la del proyecto del asilo de ancianos de Managua, el cual, ahora no se sabe si es de la esposa del ex presidente Arnoldo Alemán o del Despacho de la Primera Dama, que es una oficina pública aunque no está fundada en ninguna ley.

En realidad, los ciudadanos eligen a un presidente, no a un matrimonio, y mucho menos a una “familia presidencial” (en el inventario de vehículos presidenciales del gobierno anterior apareció uno “asignado al hijo del presidente”. ¿Y a santo de qué los contribuyentes tenemos que pagar por vehículos o cualquier otro privilegio para la esposa y demás familiares del presidente?)

Por otro lado, si la esposa del presidente quiere hacer caridad y obras sociales, debería hacerlo con su dinero, o conseguir donaciones privadas por medio de una fundación, pero que no pida (exija) en nombre de un “despacho de la primera dama” que es oficial y, por lo tanto, impositivo.

Ahora bien, ¿de dónde viene ese tratamiento de “primera dama” que se da en Nicaragua y otros países a la esposa del gobernante?

Hasta donde he podido investigar, eso se originó como muchas otras instituciones y costumbres, buenas y malas, en la antigua Roma imperial. Roma premió a Cayo Octavio (63 AC-14 DC), porque venció a los ejércitos de Marco Antonio y Cleopatra y puso fin a un siglo de guerras civiles, proclamándolo Emperador (general victorioso). Y además le dio los títulos de César (para igualarlo con Julio César), Augusto (majestuoso) y Pontífice Máximo (sumo sacerdote).

Pero la mujer de Octavio, Livia, no podía ser considerada como una romana más, de modo que le otorgaron el título de Domina Itis (señora poderosa) y Prima Donna (primera dama). Así se le llamó después a todas las esposas de los emperadores romanos, y ahora a las esposas de los presidentes “democráticos”.  

Editorial
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