Justicia, ¿privilegio o dama lacerada?

Alfonso Efraín Castellón Ayó[email protected]

No se me ocurre otro título más apropiado para expresar crudamente cómo se encuentra la justicia en nuestra bella, amada y sufrida Nicaragua.

Veamos el porqué.

Decía un profesor español en sus conferencias al impartir la asignatura Derecho Natural, que la Justicia Divina, convertida en Ley Divina y enfocada hacia la naturaleza, producía el Derecho Natural, y que éste aplicado hacía los hombres: El Derecho Positivo.

Pues bien, si analizamos ese contenido filosófico, pero realista en cuanto a la situación de la justicia en nuestra Patria nos encontramos: Que la naturaleza ha sido dura con nuestro país. O sea, que el enfoque de la Ley Divina hacia nuestra madre naturaleza ha sido de resultados catastróficos a veces. Y que ese Derecho Positivo, al convertirse en ordenamiento jurídico y generar las diferentes leyes, las cuales son aplicadas en los Tribunales de Justicia, solamente existe para los afortunados que tienen dinero para pagar por ella (La Justicia) o son abogados y se defienden con astucia.

En el Diccionario nos encontramos con varias definiciones, sólo para mencionar algunas:

a: “Acción de examinar las reclamaciones de alguien, acordando lo que sea justo”.

b: “Acción por la que se reconoce o declara lo que pertenece o se debe a alguien”.

c: El padre del Derecho Romano el Emperador Justiniano decía: Supremo ideal que consiste en la voluntad firme y constante de dar a cada uno lo suyo.

d: El Poder Judicial.

¿Se aplica la justicia en Nicaragua?

Si queremos ser honestos: ¡No! Pero la confirmación de esto nos alienta: gracias a Dios hay excepciones.

Tomando como ejemplo una, tengo a bien recordar el siguiente caso, muy publicitado por cierto: en tiempos de Somoza, cuando el régimen del extinto general quiso montar una jugada a la campesina Amada Pineda, en un Juzgado del Crimen, si no mal recuerdo, el Primero de Distrito. En ese ejemplificante caso “el juez” era un joven abogado nicaragüense que muchos años después llegó a ocupar la presidencia del augusto y máximo Tribunal de Justicia en Nicaragua. Representó a la Justicia y precisamente ante una dama torturada, vilipendiada y lacerada por un régimen que le negaba el derecho a defenderse. El final ya todos sabemos. El caso de esta heroína, demostró que la Justicia sí había funcionado.

Pues bien, para una mejor realización del “bien común”, deberíamos los abogados, jueces, magistrados y altos funcionarios del Poder Judicial, seguir el ejemplo del Juez e incorporarnos a la “nueva era” con gallardía, honor y honestidad. Vistiendo el traje Azul y Blanco de los colores nacionales, para que de esta manera se deje colgado en los armarios de nuestras casas el traje del partido. Estamos a tiempo para curar las heridas de esa Dama Lacerada que representa a la Justicia en nuestro suelo natal.

Creo que ha llegado el momento para que la Justicia sea concedida a todo el que la pide o necesita. ¡No puede seguir siendo un privilegio! Aprendamos de esos pocos casos que hacen la excepción. No seamos copartícipes ni mucho menos cómplices de las injusticias que tanto dañan a gente inocente y desprestigian nuestro país. Dios permita que el “supremo ideal con la firme voluntad de dar a cada uno lo suyo” sea el estandarte del Gobierno de don Enrique y la “nueva era”.

El autor es Secretario Ejecutivo de la Asociación de Confiscados de Nicaragua.  

Editorial
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