La bancada parlamentaria que formó recientemente un grupo de cinco diputados encabezados por el vicepresidente honorario del PLC, ingeniero Jaime Cuadra, ha creado muchas expectativas entre la clase política y la ciudadanía nicaragüense en general. Aplaudida por unos y satanizada por otros, esa bancada, que se autodenomina azul y blanco, está compuesta por 4 diputados liberales y uno conservador.
El primero en criticarla fue el diputado regalado Arnoldo Alemán, quien, al igual que don Jaime Cuadra, es también presidente honorario del Partido Liberal Constitucionalista. Alemán advirtió a Cuadra que de conformar una bancada aparte estaría cometiendo un error, y que “sabe que si lo comete se va del partido”. No obstante, hasta el momento, ni Cuadra ni ninguno de los liberales que la integran han sido separados oficialmente del PLC, aunque don Jaime Cuadra ya sufrió las primeras consecuencias de su independencia: no fue nombrado presidente de la Comisión de Defensa y Gobernación, a pesar de que oficialmente se había anunciado que ocuparía ese cargo.
Cuadra ha sido claro en advertir que no tiene intenciones de separarse del PLC, sino sólo en mostrar un grado de independencia que le permita ser más fiel a los intereses nacionales que a los partidarios. Es obvio que el diputado Cuadra y los demás miembros de la bancada azul y blanco están conscientes de que cabe la posibilidad de que los intereses de la bancada liberal, controlada por Alemán, no estén en el futuro en concordancia con las iniciativas de ley impulsadas por el presidente Enrique Bolaños. En esos casos, Cuadra considera que su bancada tendría el deber de analizar qué es lo que más le conviene a la nación y favorecer con su voto la posición que consideren correcta.
Esa independencia, sin embargo, tiene irritados a Alemán y a sus incondicionales, a pesar de que la bancada azul y blanco es todavía muy pequeña para impedir que la bancada liberal pueda aprobar aquellas leyes que requieren sólo de mayoría simple, es decir, de 47 votos —la mitad más uno del total de 92 diputados. La bancada liberal, aún después de conformada la bancada azul y blanco, cuenta con 49 votos, un poder formidable, sin duda alguna. No obstante, es muy probable que otros diputados se sumen a los disidentes, pudiendo en ese caso llegar a quitarle a los seguidores de Alemán el poder de aprobar leyes por mayoría simple. En otras palabras, esa nueva bancada está destinada a jugar un muy necesario rol de “fiel de la balanza”, que es lo que no se pudo lograr con el llamado “voto cruzado” en las elecciones pasadas.
Alemán y algunos otros alemancistas dicen que la creación de la bancada azul y blanco pone en peligro la “unidad liberal”, y pretenden hacer creer que sus integrantes le estarían haciendo el juego al FSLN. Nada más alejado de la verdad que tal afirmación, ya que quienes de momento conforman la bancada azul y blanco han dicho que no tienen inconveniente en votar junto con la bancada liberal, siempre y cuando se trate de temas y leyes que más le convenga al país. Y con esa misma lógica se entiende que podrían votar con el FSLN, en el caso de que este partido sea el que representa la posición más favorable al interés del país.
El presidente Bolaños, por su parte, considera que sigue contando con el apoyo seguro de los 53 diputados del PLC. De hecho no tiene hasta el momento razón alguna para pensar diferente, al menos mientras no introduzca una iniciativa de ley que sea contraria a los intereses alemancistas. Pero en el momento en que lo haga se pondrá de manifiesto el valor de la bancada azul y blanco, ya que ésta ha manifestado estar dispuesta a apoyar a Bolaños en contra de los intereses particulares de Alemán.
Algunos no creen en la sinceridad de la bancada azul y blanco. Pero el funcionamiento de una bancada independiente e intermedia es útil para la democracia, mucho más que para el presidente Bolaños, y al final de cuentas serán las actuaciones de los diputados azuliblancos las que hablarán por sí solas y confirmarán o desmentirán su sinceridad.